Los hinchas de Liverpool tienen una especie de himno no oficial en la canción “En el lugar del viento”, de Esteban Klisich, hincha negriazul. La letra repasa una formación de los años 60. Esteban creció mirando al “Toro” Alberto Gómez, mundialista en México 70, ir camino al gol apilando gente con su clásica hamacada, para dársela al “Queque” Hamilton Rivero, que solo frente al arquero, definía “como el mejor”. En el fondo estaba el “Tito” Rossi, y atrás de él, en el arco, andaba el “Loco”, Ernesto Guerrini. El 29 de junio el histórico arquero murió, a pocos meses de cumplir sus 84 años.
Por Gustavo Castiñeira.
A un golero con ese apodo, uno enseguida lo asocia con el “Loco” Hugo Orlando Gatti. Un arquero adelantado, extravagante. Y así era Ernesto, pero mucho antes que el golero argentino.
Sus primeros pasos y manotazos en el fútbol los dio en el Huracán del Paso de la Arena, club del que fue fundador, y era el socio más viejo que quedaba con vida. Era el socio número cuatro, los tres anteriores ya habían muerto, y Ernesto me dice… “soy el uno (sic) de los que queda”. Y con ese equipo debuta en el Centenario, como preliminar de un partido del verano del 57, diciembre, entre Nacional y el Dinamo de Moscú. El Huracán le ganó el preliminar al Mercado Modelo. De fondo Nacional pierde tres a uno. Grandes goleros albos, Walter Taibo titular y Roberto Sosa suplente, Ondino Viera el DT tricolor, pero todas las miradas de Ernesto fueron para el golero rival. Era el ruso, Lev Yashin, “La araña negra”, el mejor golero de la historia. Ernesto lo vio de cerca y se sacó una foto con él, que salió en un diario. Ernesto me contó emocionado:
–En ese partido que debuté en el Estadio Centenario el que me dio la bendición fue Yashin. Porque le entregué un ramo de flores y me puso una mano en el hombro, en la cabeza, una mano que me superaba toda la cabeza. Y por prestar la foto, que salió en El Popular, la perdí. Era cuando se jugaban aquellos torneos de verano que venían equipazos de Europa, el Norrkoping de Noruega, el Rapid de Viena. Yashin vino también con la selección, que le hizo un gol Cubilla.

–Vos te vestías igual que él, todo negro.
–Era muy de los goleros, se vestían de negro. Yo lo vi a Yashin de negro y me vestí así. Muy poco después agarré a vestirme de gris para agrandar un poco el físico porque los goleros eran todos grandes y yo no tanto.
De su querido Huracán se va a dar una prueba en Nacional. Quedó, pero le quedaba muy lejos y no siguió. Además no imaginaba una vida en el fútbol. Su madre le decía, “eso es pan hoy, hambre mañana”, por eso lo primero para Ernesto era su empleo de bancario. Sin embargo el fútbol pudo más y en un futuro podrá hacer las dos cosas.
Lo intenta de nuevo y lo importante en su carrera comienza a pasarle en Wanderers, y de allí me cuenta que jugó, entre otros, con el “Bebe” Ángel Castelnoble, que dice era un fenómeno, o Eduardo Bonomi, luego Ministro de Estado. También fue compañero del fenomenal Francisco “Tano” Bertocchi.
En 1964 se va a dirigir a Liverpool el gran Washington “Pulpa” Etchamendy en la B. Y pide para el arco a Guerrini, a quién había visto atajar en Wanderers, y ahí Ernesto comienza su historia en Liverpool. Historia que es de amor correspondido. Ernesto quedó en la memoria grande de la hinchada, por ser el golero del primer titulo conquistado en la B, el Competencia de 1965, el golero del Ascenso y campeonato de 1966 y el golero del primer título oficial en Primera División, el “Relámpago” de 1968.
Pero además de por sus títulos, es recordado por sus locuras. Ernesto me cuenta alguna. El 26 de julio se jugaba la quinta fecha del uruguayo de la B. Liverpool contra Canillitas, en Belvedere.
Ese día fue el de la chilena, hago una chilena casi en la mitad de la cancha en un partido contra Canillitas, el “Pulpa” se quería morir. Fue al minuto 39, empatamos 0 a 0. Yo lo miraba y el “Pulpa” se agarraba del alambrado y lo torcía todo. Y, el martes, en la práctica, me agarra y me pasa el brazo por el hombro. Y me dice, venga acá “Navarro Chico”. El “Pulpa” era muy amigo de Ricardo Navarro, un golero argentino que jugaba acá y era medio loco también. Me dice, ¿qué quiso hacer el domingo con la chilena? Y bueno, le dije, venía el canario Omar Martínez, que era un “centreforward” que había tenido Nacional, que medía como 1 metro 90 y pico. Y lo pasa a Montero Castillo la pelota y al “Tito” Rossi que era el back derecho. Pica la pelota, se levanta. Yo salgo del área. Y lo miro a Omar, él me mira a mí. Y bueno, si salto a cabecear con él me tira a la mie….. Entonces me di vuelta de espalda. La saqué de chilena y fue a los pies de Montero Castillo.
Lo que pasa que Ernesto no era ningún negado para jugar con los pies. Como él mismo me contó
Yo en el campeonato bancario jugaba en el medio, de “entreala”. Un día yo andaba mal de una mano, y en una práctica como estaba lastimado el “Pulpa” me puso para rellenar, me puso a jugar porque faltaba gente. Hice dos goles. Y me dice, pero muchacho, vos te equivocaste. No tendrías que haber ido al arco. Tendrías que haber seguido en el medio. En la Liga Bancaria, me aburrí de hacer goles. Yo jugaba al borde del área, no me quedaba bajo los tres palos. Me tenía fe con los pies. Ahora no se si podría jugar. Pero fui de los primeros que jugó así.
Otra es del año 1967.
En el 67 cambiaron la norma del golero de hacer tiempo. Una pavada porque ahora hacen más tiempo que antes. Cambian la regla, y al primer partido en la cancha de Liverpool, salgo jugando, después la agarro, la dejo correr, la agarro, después esto, después lo otro. Y se me acerca el “gallego” Alberto Boullosa, el juez, y me dice…si lo volvés a hacer te echo… y me achiqué. Al siguiente domingo, jugamos en el Estadio contra Peñarol. Lo volví a hacer. Y se armó una polémica con todos los “popes” de arriba, si estaba bien o estaba mal. Todos los lunes salían notas, sobre si estaba bien o mal lo que hacía, si estaba contra la regla o no. Yo fui el primero en hacerlo, después lo arrancaron a hacer todos.

En 1968 se convierte en hombre récord: es el jugador que más partidos en forma ininterrumpida jugó en Liverpool por el campeonato uruguayo. Llegará al récord de 90. Ese 1968, y de nuevo contra River Plate, se convierte en el golero del primer título oficial de Liverpool en primera división, el torneo Relámpago. En aquel torneo arrancó atajando Darwin Dalmás, pero Ernesto es el que juega la Semifinal con Peñarol y la final con River. Un dato que no es menor: fue la figura del partido. Cuando River se fue arriba, no tenía nada que hacer ante Ernesto. Decía la prensa:
Las cosas grandes de Guerrini le dieron emoción al combate. Guerrini hizo cosas increíbles en la valla. Es verdad que los delanteros de River se la dieron por arriba, inocentemente. Y él sacó allá, entre la masa gris de la humedad, pelotas de bostezo. Pero cuando tuvo que salvar goles los salvó. Tapó, se jugó hasta el corazón en la demanda, y fue para nosotros el mejor del partido.
En 1969 Liverpool no tiene un buen año, pero todos los hinchas recuerdan el partido en Belvedere en que el negriazul le saca a Peñarol un invicto de tres años y 56 partidos por el uruguayo. Ernesto Guerrini no solo no está en la valla negriazul, sino que lo ve desde el otro lado, en el banco. Era el suplente de Ladislao Mazurkiewicz en el arco aurinegro. Ernesto había pasado ese año a Peñarol. Llegó a jugar 10 encuentros oficiales con los aurinegros. En Peñarol era difícil destacarse porque era suplente de “Mazurka”, el sucesor de Yashin como mejor del mundo. Y además tuvo una dura hepatitis que lo tuvo más de un año sin jugar. Por eso el paso de Ernesto por Peñarol no fue lo destacado que debió haber sido. Tendrá luego un buen pasaje por Racing, y terminará jugando en Central.
Ernesto siguió yendo hasta hace poco al viejo Belvedere. La triste noticia de su muerte el 29 de junio dejó una profunda pena en toda la afición que lo admiró. El nuevo estadio que se levantará en la vieja e histórica cancha recibirá las cenizas de Ernesto, bendiciendo las leyendas nuevas que están por venir.






