(1936-2026) – Víctor Guaglianone
Túnel en su homenaje publica este reportaje impreso en la edición papel de noviembre/diciembre de 2018.
Hace 64 años Uruguay estrenaba los torneos juveniles sudamericanos con la obtención del mismo, como sucedió con cada trofeo puesto en disputa. Víctor Guaglianone vive y juega para rememorar aquel viaje a Caracas desde su Prado natal cuando ni siquiera había cumplido dieciocho años.
Por Pablo Aguirre Varrailhon
En febrero de 2017 Uruguay rompió una oscura racha de 36 años sin logros a nivel de selecciones juveniles, cuando en Ecuador (el mismo lugar donde había conquistado el título anteriormente, en 1981) los dirigidos por Fabián Coito obtuvieron un nuevo título sudamericano Sub-20, el octavo desde su creación. La paradoja es que cuando se produjo la anterior conquista (el Mundialito del ’80 recién había terminado), todavía el torneo no tenía 30 años desde su creación. En ese lapso inicial (1954-1981), la selección uruguaya juvenil obtuvo siete de diez títulos posibles, sumando dos vice campeonatos. Brasil logró una marca similar en las diez siguientes ediciones. Estos números impactantes muestran un ciclo prodigioso en su arranque, al igual que lo sucedido en la primera etapa de la Copa América de mayores y por supuesto, en la Copa del Mundo: Uruguay distingue oportunidades y marca tendencia.
En esta oportunidad, Túnel recuerda aquel primer torneo oficial jugado en Caracas, Venezuela, cuando un montón de jóvenes uruguayos iniciaban un camino que no estaba delineado, que luego sabrían recorrer generaciones posteriores con gran suceso a nivel continental.

Plantar árboles en el desierto
La creación de los torneos juveniles se remonta a fines de la década del cuarenta del siglo pasado, años en que tanto el fútbol uruguayo como el argentino estaban atados entre sí, viviendo cambios importantes en la relación de los jugadores con sus clubes, ya que los primeros decretaron una huelga para cambiar las condiciones contractuales que los relacionaba con sus instituciones. Paralelamente, en 1948 (año de la huelga), Chile quiso organizar un torneo juvenil al que Argentina desistió y nuestros compatriotas luego de muchas idas y vueltas concurrieron. Finalmente derivó en un triangular que obtuvo Brasil. La idea de un torneo sudamericano repiqueteaba en el continente, y Venezuela como realizaba la Conferencia Interamericana de Cancilleres en marzo de 1954, presentó un proyecto en los últimos meses del año anterior, de la mano de los directivos Fermin Huizi Cordero y Pedro Cabello Gibbs, que establecían la organización de un torneo de juventudes de América, con jugadores de cuarta división de cada país; por lo tanto la categoría quedó determinada como sub-19.
Como ocurría en aquellos años donde los sponsors y las transmisiones en vivo no formaban parte estructural de la financiación de una competición, se utilizaría el mismo sistema de las copas organizadas hasta entonces: el país organizador tiene que disponer de los recursos necesarios para solventar los gastos. Venezuela con la producción de petróleo en uno de sus picos más altos había logrado disponer de montos muy importantes para destinar a promover su país al mundo.
Sus dirigentes también buscaban meterse en el concierto del fútbol mundial con la organización de diferentes torneos. Por ejemplo, en 1952 habían logrado la participación del Real Madrid junto a Botafogo y Millonarios para jugar una suerte de los mejores del mundo junto al campeón local, práctica que repitieron el año siguiente. Con este proyecto Venezuela tendría sus primeros pasos a nivel de selecciones: todavía no había participado de ninguna Copa América ni eliminatorias. Recién se inscribió a FIFA en 1952 y a la CONMEBOL en 1953. Para esta ocasión no contaron con los concursos de Argentina (jugaba ese año un torneo Sub18 en Alemania) y Bolivia. En cambio sí lo haría Panamá, aceptado por la Confederación Sudamericana de Fútbol.

Del Prado a Caracas
Víctor está a una cuadra del Estadio Centenario, la mañana es a puro sol y él disfruta con su nieta con quien se entiende de maravillas. No vive por ahí, va a cumplir como muchos abuelos la noble (y hermosa) tarea de cuidarla mientras los padres trabajan. Victor Guaglianone ya pasó hace rato los ochenta años y tiene el honor –entre otras cosas- de ser campeón sudamericano con Uruguay del torneo jugado en Caracas allá por 1954. Recuerda clarito los momentos de toda su carrera futbolística y se mantiene en buen estado: hasta hace poco todavía se divertía en el fútbol 5. Proviene de la cantera del Montevideo Wanderers, lugar al que llegó por un amigo de la familia, y donde guarda un récord para equipos que no son los “grandes”: hizo cuatro goles en un partido que curiosamente perdieron cinco a cuatro. A este delantero goleador, en el verano del aquel año le llegó la citación para entrenar con el futuro combinado celeste, a poco más de un mes para viajar. Todo muy nuevo, en una época donde las comunicaciones no tienen la inmediatez del día de hoy.
– “En enero nombraron el primer plantel que eran cuarenta y cuatro. Y Con los muchachos habíamos preparado una salida para el domingo para ir a La Floresta. Y ellos me decían: ‘pero te citaron, quedate’. Y yo les contestaba ‘¡mirá si voy a quedar!’” (risas).
“Y no fui. Después nos citaron a las Acacias (adonde fui), y me dijeron que no se podía faltar a las prácticas, lógicamente. Después el delegado de Wanderers también me lo vino a decir, que no podía faltar, que estaba “bien mirado”, como diciendo que tenía chances de conseguir un lugar en el plantel definitivo. Se fue decantando hasta que quedé…”
En la mitad de este año Uruguay debía defender el cetro de Campeón Mundial en la copa jugada en Suiza, cuando los celestes perdieron aquella famosa semifinal ante Hungría y junto a ello el invicto en estos torneos que databa de las gestas olímpicas. Por ello los juveniles tuvieron oportunidad de jugar un par de amistosos contra el seleccionado mayor, una prueba nada fácil.
Túnel: Ustedes en la preparación jugaron algunos amistosos con la selección mayor que se preparaba para el Mundial de 1954, en Suiza.
Victor Guaglianone: Más que nada con la preselección, y no perdimos ninguno de los dos partidos. En uno salimos 3 a 3 y el otro no me acuerdo. Se jugó en el Estadio Centenario, sin público.
T: Y para Ustedes ¿qué significaba? Éramos el país campeón del Mundo y ustedes jugaban contra la selección.
VG: Si, pero era la preselección…
T: ¡Claro! Pero algunos estaban…
VG: Si, ¡y aparte todos de primera! Fijate que alegría que yo les hice un gol. El arquero era Radiche, lo hice de cabeza. También fuimos a jugar a Rosario, en Colonia, y también en otra ciudad del interior. Te nombré Rosario porque era el último partido, y en el plantel éramos como treinta y pico y quedamos veintiocho. Jugamos ahí, ganamos, y a la vuelta -cuando bajo del ómnibus-, en Zufriategui y Agraciada, uno me dice “poné atención mañana a la citación”, que era la definitiva. Pensé, bueno, quiere decir que “estoy en puerta”. Y al otro día de mañana el almacenero, Cerrutti, que era hincha de Wanderers, se levantó temprano, compró el diario donde decía que estaba citado y le avisó a mi vieja. Yo estaba durmiendo.
Victor habla pausado, tranquilo, pero con mucha claridad. Estos jóvenes que muchos no llegaban a la mayoría de edad tenían la oportunidad de viajar en un grupo donde tan sólo un técnico (Gerardo Spósito) estaba a cargo de dieciocho jugadores; sin preparador físico, médico ni cocinero. Viajaban junto a tres dirigentes y un kinesiólogo. Como el gobierno de Venezuela se hacía cargo de todo, hasta los vinieron a buscar: “…vino un avión de Aerovías Venezolanas (AVENSA), nos levantaron a nosotros y después fuimos a buscar a los brasileros y a la vuelta vinimos con los paraguayos…o al revés, ya ni me acuerdo! (risas) Si! Fuimos con los brasileros y vinimos con los paraguayos. Pero el hecho es que Venezuela es un país precioso. Y más para nosotros que nos fue bien, estuvimos disfrutando de todo el viaje, era la primera experiencia, fíjate que yo tenía 17 años…cumplí los 18 recién en setiembre y esto fue en marzo…”
Alojados en el mismo hotel que Panamá, y como país campeón del mundo (por el Mundial de 1950) a Uruguay le destinaron el partido apertura del torneo frente a Colombia, formando el grupo “A” junto a Chile y Ecuador. Mientras tanto, el restante grupo (“B”) lo componían Brasil, Perú, Paraguay y Panamá. ¿Y el local? Jugaba directamente la ronda final junto al ganador de cada grupo y al mejor segundo. Caracas dejó de lado por unos días el béisbol y se abocó al deporte del pie, viviendo un clima festivo. El presidente de Venezuela, Coronel Pérez Jiménez, se hizo presente en el centro del campo para dar comienzo al torneo con el partido de “charrúas” y “cafeteros”. No era un rival sencillo, tenía un buen juego basado en su volante central (Valderruten), y desde el banco eran dirigidos por un gran exjugador, Adolfo Pedernera. Fue un partido donde los celestes no pudieron desarrollar su juego pese a comenzar ganando al minuto con gol de Laitano, producto de un rebote dado por el golero rival ante un tiro de Davoine. Colombia empató al comenzar la segunda etapa y el propio Laitano fue expulsado faltando veinte minutos, y según diarios locales “…el entrenador uruguayo Spósito fue amonestado por conducta incorrecta…”; posteriormente el delegado colombiano acusó a Uruguay de utilizar una excesiva fuerza en su juego.
Tres días después se anunciaba el juego versus Ecuador con el siguiente aviso en la prensa de Caracas: “Fútbol, esta noche vuelve a jugar Uruguay enfrentándose al agresivo y preciosista equipo de Ecuador en el Estadio Olímpico…silla numerada 8 bs, banco de tribuna 5 bs, grada 2 bs, …los niños pueden entrar siempre que vayan acompañados de personas mayores…” En lugar del expulsado entra Víctor Guaglianone, autor de un gol del score final: 4 a 1; Uruguay fue quien puso los goles y el fútbol: “…gracias a una labor que tuvo su base en el trabajo estupendo del centro – medio Ramos durante el primer capítulo, en el cual gozó de la colaboración del insider Demarco, incansable trabajador en ambas etapas, quien permitió a los ágiles orientales moverse con eficaz planteamiento.”, según cuenta la crónica del diario “La Esfera”. Quedaba el partido con Chile, el cual luego de dos empates estaba obligado a ganar; Manuel Pedersen en el primer tiempo, y Ramón Cruz en el complemento sellaron una nueva victoria pese a la expulsión de Guillermo Escalada. “Uruguay no cree en lágrimas. Chile luchó bravamente pero cayó dos a cero”. Para Víctor fue el partido más difícil junto al último.
Colombia y Perú, segundos en sus grupos dirimieron un lugar mediante un encuentro ganado por los incaicos por la mínima diferencia. Éste fue el primer rival de Uruguay en la ronda final, que inauguró Venezuela (recordemos que por ser local ingresaba directo a esta fase) ante Brasil con victoria de éstos por dos a cero. En un partido calificado como violento por demás, pero que a la vista del score no deja dudas, Uruguay venció a Perú por tres goles a cero. Sin reconocer la diferencia los peruanos cargaron contra el árbitro local Santos Serrano, que detuvo el juego por varios minutos.

T: Se hablaba que ese equipo jugaba muy fuerte, muy vehemente, hasta un poco por demás. ¿Era así?
VG: No, como todos los equipos. Fíjese que Marichal llegó a jugar en primera División con Nacional. Estoy hablando de la defensa, Roberto Sosa, el arquero, era fenomenal. Después estaba Eustaquio Claro, un muchacho de Danubio, franco, leal, que terminó jugando en Estados Unidos. Estaba Walter Davoine que jugó en Boca, Peñarol, en River. Omar Ramos, de Nacional, un “cinco” con prestancia, jugaba fuerte pero normal, no malintencionado. Verlo jugar a Jorge Rodríguez Andrade era una exquisitez, no daba patadas. Después adelante estaba Ramón Cruz, el “Cholo” Demarco, Manuel Pedersen, Enrique Laitano… No había ninguno malintencionado.
El siguiente partido contra Venezuela (primer encuentro oficial entre ambos países) fue con victoria por tres a uno, el primer gol de Victor Guaglianone, seguidos por Enrique Laitano y Ramón Cruz. Dos días más tarde Brasil empataba con Perú, y dejaba pasar la oportunidad de igualar a Uruguay en las posiciones; con el empate, la celeste era campeona. Una circunstancia parecida a la de Maracaná pero con ventaja para los dirigidos por Gerardo Spósito. Un partido con Brasil nunca es sencillo, ambos llegaban invictos y con pocos goles en contra. Manteniendo los mismos precios ya mencionados para obtener entradas, se anunciaba el decisivo partido: “¡Sin comentarios! Esta noche – 8.45 – Estadio Olímpico. El clásico de los clásicos del fútbol suramericano (sic): ¡Brasil vs Uruguay! Los paulistas, con tres puntos, deben ganar para obtener el título. Uruguay, con cuatro puntos, empatando o ganando, se proclama campeón! Las puertas del estadio serán abiertas a las 7 de la noche”. Evidentemente estaba muy fresco el recuerdo del último mundial. El cotejo fue empate a un gol, ambos en menos de tres minutos: abrió la cuenta Juan José Mónaco y empató Paulinho. Uruguay obtuvo el torneo y todos lo catalogaron como un justo campeón, por si alguno no sabía distinguir que en el fútbol solo cuenta que la pelota vaya al trampero. Víctor tuvo el privilegio de estar en la cancha cuando el juez Benito Jackson pitó el final para soltar la algarabía; lo recuerda muy bien con una sonrisa, la misma que expresa cuando también repasa su larga carrera, donde entre otros palmarés, cuenta con el de campeón sudamericano en la selección mayor, en 1959.
El viaje de los campeones
El regreso fue a toda orquesta. La gente no se había olvidado de estos muchachos que fueron a ver de qué se trataba lo que hoy se cuenta como el primer campeonato sudamericano sub-20, y se organizaron en masa para recibir a los campeones, que también fueron condecorados por el gobierno venezolano con una medalla que Víctor guarda con mucho cariño.
Túnel: Pudimos ver en diarios venezolanos un cable de la agencia EFE que mencionaba los grandes festejos en Montevideo cuando Ustedes llegaron. Hablamos de Uruguay vigente campeón Mundial en Maracaná, y con vistas a una nueva Copa ese mismo año. ¿Ustedes esperaban ese recibimiento?
Víctor Guaglianone: No, no lo esperábamos. ¿Viste que ahora van por la rambla y está lleno de gente? Bueno lo que vi esa vez… (mira el horizonte) ¿Viste que hoy te contaba de mi familia? Bueno, ¡el barrio sacó una bañadera! Aquellas antiguas que eran descapotadas. Y fueron todos y lo mismo pasó con todos los jugadores, cada uno sacaba una. Más la hinchada, los conocidos…
T: ¿Los llevaron por la Avenida 18 de Julio?
VG: Claro, por la avenida y terminábamos en la Asociación (AUF) que estaba ahí en aquel momento. Hasta el Obelisco estaba lleno de gente. Otra época.
T: Así que llegó y no pudo ver a su familia.
VG: No, te digo más. Viste que en el aeropuerto hasta el avión no se puede llegar. Bueno, ¡estaban todos adentro de la pista! Una vez que llegó el avión todos se metieron, no sé cómo pudo ser. Y de ahí bajabas y te llevaban en andas hasta el ómnibus.
T: ¿Cómo se comportaban siendo tan jóvenes?
VG: Era una buena muchachada, responsable, todo lo que se nos decía se aceptaba. El único problema en sí – y no fue con la directiva -, fue en un partido que estábamos mirando, no me acuerdo cual, y algunos en la tribuna se desubicaron (no nosotros), nos insultaron. Siempre hay algún desubicado.
T: ¿Ustedes estaban identificados como delegación uruguaya?
VG: Claro, claro. Nosotros teníamos un sacón azul con el escudo de la AUF. Pero pasó eso y de manera desapercibida. Te quiero decir que el único momento que se pudo estar incómodo fue eso, después estuvo todo muy bien. Cuando las cosas salen bien todo corre bien.
T: En ese grupo, siendo tan jóvenes, ¿el vestuario lo manejaban Ustedes? ¿O en todo momento Gerardo Spósito los guiaba? ¿Tenían referentes en el plantel?
VG: No, en eso no hubo problema. Como toda era buena gente se respetaban las decisiones. Y Spósito como responsable nos decía lo que teníamos que hacer y listo. Había casos de personas mayores, como Chagas, el profesor José Ricardo De León, técnico del Defensor campeón, que siempre estuvieron a la orden de nosotros. Daba consejos, todo lo que estaba a su alcance. Había coterráneos uruguayos que se arrimaban, pero los más notorios eran estos casos. Chagas fue jugador de Defensor, después fue a Venezuela y quedó como técnico.

T: ¿Tuvieron oportunidad de quedarse unos días más después del torneo?
VG: Un par de días, no mucho más y enseguida regresamos. Salimos campeones y nos quedamos para conocer Caracas.
Tenemos la suerte de compartir con Victor Guaglianone un pedacito de su vida, mientras conversamos recorremos el Museo del Fútbol. Buscamos la foto del joven equipo campeón que se encuentra en una vitrina junto al trofeo, dentro de este Monumento Histórico al Fútbol Mundial que es el Estadio Centenario. Todo en uno. Un lugar donde a lo largo de su carrera nuestro protagonista jugó e hizo goles, mientras puertas adentro se recuerda entre tantos recuerdos la gloria de sus vueltas olímpicas por América con la celeste en el pecho.
Plantel Campeón: Roberto Sosa (Nacional), José Ayup (Liverpool), Eustaquio Claro (Danubio), Walter Marichal (Nacional), Simón Peña (Cerro), Walter Davoine (Peñarol), Héctor Ramos (Nacional), Carlos Risso (Peñarol), Juan C. López (Liverpool), Ramón Cruz (Danubio), Héctor Demarco (Defensor), Enrique Laitano (Defensor), Manuel Pedersen (Rampla), Enrique Carlos Cruz (Danubio), Víctor Guaglianone (Wanderers), Guillermo Escalada (Nacional), Juan José Mónaco (Peñarol) y Jorge Rodríguez Andrade (Central).
Agradecimientos:
Familia Guaglianone – Luna
Revista Estrellas Deportivas nº 62, 22 de noviembre de 1978
Eliézer Pérez (Venezuela)
Fotos: Alessandro Maradei





