(1929 – 2026)
Túnel en su homenaje publica este reportaje publicado en la edición papel de julio/agosto de 2017.
JOSÉ EMILIO SANTAMARÍA, DESDE MADRID
Es una leyenda viva del equipo merengue. Levantó cuatro copas de Europa y una Intercontinental, además de ganar la Liga cinco veces. El blanco le viene bien. En Nacional creció con ídolos tricolores como Atilio García, Bibiano Zapirain y Héctor Scarone. Con la camiseta del bolsillo en el pecho levantó cinco títulos del Uruguayo. Pero con la Celeste –a pesar de ser el sustituto de Obdulio Varela– se perdió el Maracanazo. El compadre de Alfredo di Stéfano tiene hoy 87 años y camina por los pasillos del Estadio Santiago Bernabéu como si fuera su casa, en donde nos abre las puertas de una vida empapada del acento gallego de sus padres inmigrantes y los barrios de su amada ciudad: “Todos los días de mi vida cierro los ojos y me veo caminando por Montevideo”.
Por Enzo Olivera
“¿Dónde hacemos la entrevista?”, le preguntamos el día anterior. “En mi casa”, dice por teléfono. Le pedimos la dirección. “Claro, apunta chaval: Avenida Concha Espina. Puerta 6”. Señala. Le volvemos a preguntar: “Pero Santamaría… ¿Ese es el Bernabéu?”. Ahí es donde más cómodo se siente José Emilio Santamaría (Montevideo, 1929) para hablar de la pasión de su vida: el fútbol. “No me meto en otros temas. Ni política ni nada. Lo mío es el fútbol”, advierte con tono fuerte y voz grave, cuando nos pide que le adelantemos qué temas tendrá esta entrevista para Túnel. Lo acaban de operar de una hernia. Por eso camina con muletas. “¿Te ayudo, Pepe?”, le preguntan. “Puedo solo”, le dice a uno de los asesores de prensa del Real Madrid. Consume fútbol todo el día: noticieros, diarios, radio. Está al tanto de los traspasos, los goles, la tabla de la Liga, Nacional, Uruguay, Madrid, Barcelona, los uruguayos en España, Suárez, Godín. No hay noticia sobre la pelotita que se le escape. La entrevista es en uno de los salones de prensa que están justo debajo de la tribuna. La agenda estaba ocupada por la mañana para este uruguayo-español. Dio una extensa entrevista al canal oficial del club para comentar la reciente Champions League ganada por Zidane, Ronaldo y compañía. También para rememorar la vida de este uruguayo que se dio el lujo de dirigir a la Selección de España en el Mundial de 1982. Además, fue el entrenador que más veces dirigió al Espanyol de Barcelona con 252 partidos. Antes de comenzar, dice mezclando el acento uruguayo con el español: “Vale, vale. Dispara, gurí”.

¿Podemos definir a José Emilio Santamaría jugador?
Corría todo el partido. Fui un jugador muy trabajador. Muy esforzado en solucionar problemas dentro de la cancha. Iba bien por arriba y salía jugando por abajo. Fui volante central y back derecho. Mi misión siempre fue robar la pelotita y desde atrás jugarla bien. Y como defensor, jamás dejar que el atacante se acerque a menos de diez metros del área para que no sorprenda desde fuera del área.
¿Cómo ha cambiado el fútbol desde que usted jugó?
Me da la impresión de que el fútbol sigue siendo fútbol. Lo que pasa es que han cambiado los sistemas de juego, los sistemas de entrenamiento, las tácticas en el momento determinado, los viajes, las concentraciones, los terrenos de juego. Hoy en día son alfombras de un verde exquisito, antes era barro y pasto. Todo eso ha ido cambiando mucho el deporte. Del público no puedo hablar mucho porque hace tiempo que no voy al estadio. Estuve hace poco viendo Uruguay contra Perú y la inauguración del nuevo estadio de Peñarol, que me invitaron. Con esto pude ver un poco cómo está Uruguay hoy.
Me gustaría que Uruguay retornara a ser uno de los grandes equipos de Sudamérica y del mundo. Dejó de serlo. Pero eso se tiene que hacer con mucho tiempo y trabajo. Como hicieron los brasileños cuando perdieron el Mundial del 50. Enviaron cinco técnicos por todo el mundo a recorrer y ver sistemas de juego, sistemas de entrenamiento, alimentaciones, climas… todo eso sirvió para que Brasil tuviera una etapa de poderío enorme en el fútbol. Me gustaría que en Uruguay se hiciera algo similar, pero no sé qué presupuestos se manejan en la AUF para hacer algo así.
Parece que antes había más romanticismo. ¿Se jugaba más por la camiseta que hoy?
Tengo que defender al jugador de fútbol cien por ciento. La economía ha subido; lo que es la financiación de los clubes ha mejorado exponencialmente. Los jugadores no tienen la culpa si antes ganaban un peso y ahora ganan millones gracias a la publicidad, la televisión, el marketing. Todo ha evolucionado, desgraciadamente, para nosotros los más viejos. Por ejemplo, viví la época de estar diez meses sin cobrar. Había enormes huelgas de jugadores, tanto en Argentina como en Uruguay, eso fue terrible, porque fue justo antes del Mundial del 50. Yo gracias a Dios trabajaba en la banca, pero había otros jugadores como Obdulio Varela, que era mi compañero de habitación, que no trabajaba regularmente. Esa es la razón por la que el futbolista sale mucho de Uruguay: no hay dinero para pagar sueldos. Y está bien, así debe ser. Somos trabajadores igual que cualquier otro. Lo entiendo, el futbolista tiene una familia, hijos, mujer, casa, auto. Debe pagar cuentas. Y si le pagan un sueldo mejor en otro país, ¡que se vaya! Que crezca profesionalmente en otros países que le dan la oportunidad. Además con su traspaso hace crecer a su club formador, es normal. Yo lo hice. La verdad es que el mundo cada día se pone tan difícil, tan difícil… Hay que emigrar.
¿Cuándo se dio cuenta de que sería futbolista?
Surgió fácil. Mi padre era hincha de Nacional, porque mis viejos eran gallegos y todos los gallegos que llegaban a Montevideo eran de Nacional. Entonces, entre mi padre y unos amigos me habían comprado el uniforme de Nacional y una pelota, la que me duró menos de un mes porque jugábamos en la calle y se rompió toda. Y ahí fue naciendo el amor por Nacional. Pero el amor por el fútbol comenzó después. Más grande, cuando empecé a jugar en un equipo del barrio Pocitos, de Rivera y 14 de Julio, tenía quince o dieciséis años. Jugábamos partidos contra grandes rivales y hasta ex jugadores que competían en ese Torneo del barrio Palermo. Me sirvió para aprender mucho. Ver, mirar, observar. La hombría. Recibir patadas, puteadas. No amedrentarme. Tuve la suerte, precisamente, de jugar en el barrio Palermo un partido de equipos de barrio, contra Lorenzo Pini, un jugador extraordinario. Yo jugaba de centrojás, en el mediocampo. Tuve que marcarlo, y lo hice de tal forma, que automáticamente me llamaron de Nacional. Me cagué de miedo, porque yo no podía jugar por los barrios estando en Nacional. En esa época trabajaba en el banco, salía de la oficina a las 19 y una hora después estaba entrenando. Para que no me reconocieran me había puesto una gorra blanca. Pensé que me iban a sancionar. Llego allí y Sánchez, el gerente, me dice “sentate”. Uf, me mandó a sentar. Yo pensaba: “La bronca que me van a dar”. Y dice: “Escuchame ¿Te animás a jugar el domingo en el primer equipo?”. “¿Cómo?”. Me dice: “Lo que escuchaste. Contra Rampla. Te vas a la concentración en este momento”. “Pero yo trabajo en el banco el sábado”. “Sí, sí. Te vas a trabajar y luego te concentrás”. Y así fue mi debut en el fútbol profesional en Nacional. Le ganamos a Rampla 4-0, hice un muy buen partido y ya me dejaron arriba gracias a esa oportunidad que me dio Nacional de jugar ese partido.
Hoy los pibes sueñan con jugar en Europa antes de consagrarse en Uruguay o en la selección. ¿Cómo llegó al Real Madrid?
Jugar en Nacional me llevó a la selección. Jugamos en Perú un Sudamericano, y cuando llegué a Montevideo de vuelta, tenía una carta del Real Madrid invitándome a ir a España. Me ofrecían cuatro años de contrato. Le dije a mi señora, estábamos recién casados: “Vámonos, conocemos España, conocemos Europa, probamos suerte y si sale mal nos venimos y ya está”. Al final llevo sesenta años en España ¿Qué te parece?

Toda una vida.
Cierto. He vivido más en España que en Uruguay. Aquí he pasado todo tipo de cosas, más satisfacciones que tristezas. Logré títulos con el Real Madrid, Copas de Europa, pude entrenar a la Selección de España, el Espanyol de Barcelona. Siempre ligado al fútbol, por lo menos trato siempre de estar rodeado de gente de fútbol.
Aquí estamos, en el Bernabéu…
Así es, estamos charlando de fútbol aquí, metidos debajo del Estadio Santiago Bernabéu, que ahora van a demoler una parte y lo van a cerrar unos días para hacer una obra maravillosa, para ampliar la capacidad. Ya tienen una Ciudad Deportiva en Valdebebas, espectacular. O sea que cuando hay buen sentido de trabajo, profesionalismo, gente que planifica, colabora y desarrolla un proyecto serio, las cosas se pueden hacer cuando se ve con pasión los colores de su club. Tuve la suerte de vestir de blanco en Nacional también en el Madrid. Por lo tanto, no cambié mis colores.
Le gusta el color blanco.
[Ríe]. En política no estoy. Pero en el deporte sí, coincidí de esta forma con el blanco en los equipos de mi vida.
¿Qué significa Nacional para usted?
¡Nacional para mí es Nacional! Es mi Nacional de siempre. Jugué en Nacional con la camisa que tenía bolsillos. ¡Tenía bolsillos en el pecho! Era una camisa con botones, no era una camiseta como las de ahora. ¡Era gloria pura! Conocí el Parque Central cuando no estaba dividido por una calle. Hoy está dividida la sede, la calle, los campos de tenis y todo el cuento. ¡No, no! Antes estaba todo ahí mismo. Conocí el Parque Central con diez años, porque Mitre era el preparador físico de Nacional y también era profesor de la Escuela 98, en Rivera y Julio César, donde yo iba. Conocí el campo de Nacional porque él nos llevaba a jugar al Parque Central. Para mí es gloria pura. Era impactante estar ahí, ver el campo, las gradas, los jugadores. Yo quería estar ahí desde muy chiquito. Vivía frente a la cancha de Central Español, a 200 metros del Centenario, o sea que siempre quise estar cerca del fútbol. No había más cosas que hacer, para mí fútbol y fútbol, en una ciudad que llevo en mi corazón hasta hoy.
¿No cambia Montevideo por Madrid?
¡Pero de ninguna manera! Amo Madrid, porque aquí tengo a mi familia y Madrid me abrió una oportunidad de crecer profesionalmente. Pero todos los días del año me despierto a las siete de la mañana. Preparo el mate, me pongo a matear y hago el recorrido en mi mente, caminando… Hago toda la rambla desde el Puerto de Montevideo hasta Carrasco. Vuelvo hasta el Parque de los Aliados, paso por el Parque Central, agarro por todo 18 de Julio hasta la Plaza Independencia. De ahí me voy caminando hasta el banco en donde trabajaba, que era el Francés-Italiano, que después fue el Banco de Galicia. Todo ese recorrido lo tengo en mente continuamente. No me lo va a quitar nadie.
Está en su alma.
¡Es que debe ser así! No sé los demás cómo piensan, pero yo tengo familia en Uruguay. Cuñado, amigos. Tengo mucha gente todavía allí. Cada vez que voy aprovecho a darles un abrazo. La vida a veces te juega estas cosas raras, porque uno quisiera estar allá, pero no se puede, porque acá tenemos ahora un batallón de familia. No puedo arrancar con todo. Pero la verdad es que hay momentos que me acuerdo de Buceo, Pocitos, Carrasco, Los Titanes, Parque del Plata, Punta del Este… esos lugares en donde me movía. Me acuerdo de todo.
¿No dejó el mate?
Desde que llegué a España, todas las mañanas de mi vida he tomado mate. Todas las mañanas. El mate es sagrado ¡Amargo! Es una cosa que es personal. Por ejemplo, no soy de los que anda con el termo y el mate por la calle. Eso nunca me gustó. Pero en casa sí. Y mis asaditos de vez en cuando. ¡Aprendí a hacer asados! Porque en Uruguay era un mirón, iba a comer solamente, pero estando en Madrid me vi obligado a hacer corderos enteros, a hacer embutidos, chorizos ibéricos, todo. Hice de todo un poco, porque en el fondo me sigo sintiendo un representante de Uruguay, porque digan lo que digan –que defendí a España y la sigo defendiendo por todo lo que me dio en el fútbol y en la vida, llevo 60 años aquí y soy hijo de españoles–, sigo siendo uruguayo. Esa es una cosa que no me la puede quitar nadie, eso es lo mío.
Cerramos los ojos y se está vistiendo en el Parque Central: la camiseta, el short, los championes… ¿qué compañeros ve?
¡Mamita querida! Qué jugadores había. Primero a Petrone que era el que nos traía las botas y la ropa en unas canastas de alambre. ¡Qué tipo! Él era el que enseñaba lo que significaba jugar en Nacional. ¿Jugadores? Me marcó mucho Santos Urdinarán, que fue mi primer entrenador, Héctor Scarone. Después Ricardo Facio, Aníbal Ciocca. Toda esa gente estaba de antes. Vino Holdoway, Atilio García… Llegué a jugar con Atilio García, el máximo goleador de la historia de Nacional. Luis Ernesto Castro, Enrique Castro, Bibiano Zapirain, Porta, Eugenio Galvalisi y Rodolfo Pini. Resulta que el Pato Galvalisi se entrenaba dando veinte vueltas al campo y empecé a imitarlo a él. Un día el entrenador Santos Urdinarán me dijo: “¿Pero qué estás haciendo?”. “Me gusta correr. El Pato también lo hace”, le dije. A los quince días, estábamos jugando con Nacional. Siempre fui muy observador y me gustaban los buenos futbolistas. Miré y aprendí de los mayores. Me gustaba mucho cómo jugaba Rodolfo Pini ¡Qué jugador! Técnico, tocar y tocar. Y vino Santos Urdinarán y me miró. Yo le dije: “Y bueno, un poquito de cada uno, Santos. Si usted me deja”. Él me respondió: “Te dejo. Hacé lo que quieras”.
¿A quién admiró? Porque el futbolista es como una esponja. Aprende, observa, analiza y va poniendo un sello propio a su estilo.
Yo imitar juego no, porque la característica mía era correr mucho, tener un amplio despliegue en el campo y tocar mucho la pelota. Solucionar problemas con pases, buscando a hombres libres y espacios entre marcajes. Lo que sí imitaba eran ejemplos de entrenamiento, como comenté, y también la conducta de los jugadores: cómo actuar, qué hacían, qué no hacían. Me salvó mucho el hecho de que, por un lado, trabajé en la banca. Porque ya a los quince años tuve responsabilidades en una oficina. Eso me marcó en una etapa en la que no podía hacer las salidas y gamberradas que podían hacer otros compañeros, cosas que son normales de la juventud.

¿Ese es un problema actual de los futbolistas jóvenes? ¿La noche, la fama, el éxito rápido y fugaz les nubla el camino?
Totalmente. Es terrible ver cómo grandes futbolistas se pierden por el camino, sólo por tener malas juntas y no asumir responsabilidades. Yo entendía que la noche era para dormir ocho horas. Entiendo que vos tenés 24 horas para hacer lo que quieras. Entrenar, comer, estudiar, trabajar, tomar un trago, acostarte con una tipa, lo que quieras. Pero en horas normales, porque el organismo del futbolista debe estar sano y descansado para el alto rendimiento. Nuestro cuerpo es la herramienta de trabajo. Y para responder había que descansar, porque yo trabajaba en la banca y jugaba. Recuerdo las veces que me iba a entrenar sin comer. Porque el banco cerraba a las once y había que hacer el cierre para llegar al estadio a la una, entonces no me daba el tiempo para comer y había que sacrificarse. Pero lo hacía con gusto.
Se perdió el Mundial de 1950 en Brasil. ¿Le dolió eso?
No me dolió ¡Qué me va a doler! Si Uruguay fue campeón del mundo y yo soy uruguayo por encima de todo. Juegue o no juegue me daba igual, ganó Uruguay y arriba Uruguay.
¿Cómo fue que se quedó afuera?
Me perdí el Mundial, lo sé. Pero estaba en la lista para ir como suplente de Obdulio Varela. Iba a ir pero finalmente fue Rodolfo Pini. Porque Enrique Fernández me dijo que iba a jugar de back derecho y ahí me quedé. Luego fui a la selección y me preguntaron dónde iba a jugar y dije eso: “back derecho”, y me quedé en Uruguay. No sé si fue verdad o no, pero me quedé, no fui. Disfruté el título igual, pero me quedé afuera. Eso fue después de una huelga de futbolistas de once meses, cuidado que Argentina no estaba. Y tuvo la misma huelga que nosotros. Esas son cosas que no se pueden olvidar.
¿Qué se siente vestir la Celeste?
La Celeste significa mucho. Porque si hablamos de esa camiseta, tenemos que empezar a hablar de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y Colombes. De tipos que fueron a representar a Uruguay y fueron campeones sin que nadie los conociera. Ese fue el inicio de todo. Ese éxito se mantuvo hasta 1930 y se ratificó en 1950. Después de Brasil tuvimos altibajos, pero siempre seguimos estando ahí. Tengo en casa la Celeste junto con la de Nacional, la de España y la del Real Madrid. Mis camisetas todas encuadradas en la pared. Son las cuatro gloriosas mías. Pero la Celeste es gloria eterna porque es el color del cielo.
Es uno de los patrimonios del fútbol uruguayo. Un concepto inalienable de nuestro fútbol. Mucho se ha hablado, quizás en algún momento se malinterpretó con violencia. Usted vistió la Celeste y la tricolor, ¿qué es la garra charrúa?
A todo el mundo le digo, a mis nietos, hijos, compatriotas: “Mirá que sos descendiente de los charrúas. No podés perder. Somos ganadores siempre”. El charrúa es ganador siempre. Es el origen de los uruguayos, los indígenas que vivían en Uruguay en tiempos ancestrales. Seres humanos de un corazón enorme que peleaban por lo suyo y ganaban. Y la garra charrúa es eso, morder hasta el final, no entregarse nunca, jamás darse por vencido. Tener siempre una esperanza hasta el último momento. Es eso, pero siempre dentro de la decencia y la deportividad sana. Es ser un buen compañero, un buen amigo, un buen futbolista. Saber perder, saber competir, entregarse por completo a los colores de tu camiseta, por uno mismo, por tus compañeros, pero por sobre todo, por los hinchas, por la gente que está en la tribuna.
Todos los países tienen su estilo futbolístico, un sello que se reconoce por años. El argentino tiene su estilo, el brasileño, el italiano, el holandés, el alemán. Son escuelas diferentes, con distintos detalles que los hacen únicos. ¿Cuál es la esencia del fútbol uruguayo?
El fútbol uruguayo es ganador de títulos. Amor por la camiseta, juego colectivo en equipo. Enormes defensas, volantes de gran despliegue y delanteros goleadores. Y siempre con esa garra inconfundible de no dar por perdido un partido hasta el último minuto. Así resumo el fútbol uruguayo. Creo que hoy se ha ido perdiendo un poco. Porque hay demasiada gente que opina. En lugar de opinar, deben colaborar. Esa opinión va destruyendo la esencia del fútbol uruguayo. Somos una piña, somos chiquitos. Es una piña que hay que mantener. Entonces, esté quien esté, hay que ayudar a construir algo nuevo. Tenemos chavales que juegan al fútbol de locura. Hay que unir un poquito lo que es aquello nuestro de dónde nacemos, con que el día de mañana aspiremos a lo que aspira todo el mundo: tener tres duros más en el bolsillo para poder comer una fainá. Somos demasiado pequeños y tenemos demasiados líos de política metidos en el fútbol. Somos pocos, y por eso tenemos que formar futbolistas y personas.
¿Ha visto a la Selección ahora?
Sí.
¿Le gusta?
No mucho.
¿Por qué?
Hay un momento en que algunos no deben volver…
¿Quiénes no deben volver?
Algunos no deben volver. Porque desde mi punto de vista la labor que deben hacer en Uruguay es la de presente-futuro. Porque si haces un futuro con un antiguo es difícil, no puedes. Hay demasiada distancia. Tenés a Suárez, Godín, Cavani, futbolistas de clase mundial que están destacando en sus clubes. Ellos pueden ser llamados a jugar en la Selección. Ahora, no te lleves a otros que están jugando afuera y le cierres el paso a los jóvenes que tienes ahí que hay que madurarlos. Tienes que hacer un poco de mezcla, entre los veteranos, que son los que pueden marcar la pauta, y los jovencitos que tienen que aprender a convivir, a estar en un hotel, a estar en un terreno de juego.
¿Falta eso en la selección?
Creo que falta. Porque ahora mismo tenemos aquí en España a más jugadores uruguayos jóvenes y no están en la Selección.
¿Por ejemplo Federico Valverde?
Por ejemplo. Es un gran jugador que brilló en el Mundial Sub 20 y juega aquí mismo en el Real Madrid. Cuando estuve en la AUF creé las selecciones por edades. Ese fue todo el trabajo que hice en las inferiores antes de hacerme cargo de la Selección mayor, que ahí viví cosas que no se deben contar.
¿Qué cosas pasaron? ¿En qué selección? ¿Indisciplina?
Cosas que no se deben contar y punto.
¿Qué le parece Federico Valverde?
Es un gran jugador. Volante mixto, de gran visión de campo y pase. Estuve con él cuando lo trajeron, me llevaron a la conferencia de prensa. Es un pibe de bajo perfil fuera de la cancha, pero en el partido, corre, mete, dispara. Tiene mucho futuro.
¿Qué opinión le merece el proceso del maestro Tabárez?
Empezó muy bien, consiguió finales, semifinales de Mundial, Copa América, pero el tiempo va exigiendo más y más. Los últimos resultados no lo han acompañado. Y repito: tiene que mezclar más presente-futuro. Tiene el problema de que está muy poco con los jugadores en conjunto para trabajar en Montevideo. Pero le está pasando a Argentina también, dos grandes potencias sudamericanas. Le pasó a Brasil, pero ellos encontraron el rumbo recién.
¿Qué le parece todo lo que ha logrado Luis Suárez en el Barcelona?
Como jugador es extraordinario, en el sentido de que es definidor. Es un poquito lo que era Atilio García en Nacional. Un tipo fuerte, que usa muy bien el cuerpo, los brazos, el torso. Y define siempre. Tiene el arco en mente durante noventa minutos. El problema es que hay algo que es evidente, las picarescas, depende qué picarescas, se admiten. No se admite la picaresca ventajera, que es la que él tiene. Porque ya está marcado aquí con los dientes famosos, que se revuelve más de la cuenta, que lo hace Neymar también. Son cosas que no tiene necesidad de hacer. Con lo que tiene, con su capacidad y su visión de gol, es suficiente.
Le molesta eso.
Me molesta, porque por eso lo critican. Y yo soy uruguayo. Sólo por haber sido de Nacional igual que yo, lo defiendo en todos lados. Pero evidentemente tiene que tener paciencia y quitarse todos esos vicios malos, esas cosas que como consecuencia no traen nada positivo.
Muchos lo han dicho en medios, incluso futbolistas. ¿Es Luis Suárez el mejor futbolista uruguayo de la historia?
No se puede hablar nunca de eso y voy a decir por qué. La etapa del treinta fue una, y se habló de gloria siempre. El cincuenta fue otra, la más exitosa porque lograron el Maracanazo. Y después el futbolista uruguayo comenzó a viajar a Europa. No se puede decir nunca el concepto de “el mejor de la historia”: el mejor no existe. Porque son diferentes épocas. Quizás se puede decir “el más completo”; para mí en el mundo, Alfredo Di Stéfano, más que Pelé y Maradona.
¿Por qué el más completo?
Porque como jugador era extraordinario. Jugaba con la cabeza levantada, usaba las dos piernas a la perfección, tenía un juego de cabeza increíble. Era goleador nato. Un pase gol tremendo. Una habilidad con pelota dominada en velocidad tremenda. Pero más allá de todo, de ganar partidos. Ha sabido estar dentro del campo y fuera del campo.
¿En Uruguay?
¿El más completo? ¡Atilio García se cansó de hacer goles! No se puede comparar a Atilio García con Luis Suárez. ¿Por qué no se los puede comparar? Porque han cambiado los sistemas, ha cambiado todo. Es una época gloriosa la de Luis Suárez, la que está viviendo, quedará en la historia. Y ya está, ya está. Es mi punto de vista. No se puede comparar, porque para hacerlo hay que analizar todo. Por ejemplo, se puede ser muy rematador de cabeza, pero no usar la izquierda, con la derecha regular, no emplear los codos.
¿Qué fue el Real Madrid para usted?
Fue una continuidad de éxito. Llegar a un lugar que yo añoraba, España, por ser la tierra de mis padres. Y luego significó un montón de satisfacciones. Aunque yo en Nacional las había ganado en juvenil y profesional. Aquí fue mayor porque fue mundial. Esa es la gran diferencia de la gloria que tiene el Real Madrid, una gloria eterna, un equipo multicampeón.
¿Celebró la Champions reciente? ¿Vio la final?
Tremendo. El primer tiempo dudé un poco del planteamiento de Zidane, porque veía a una Juventus muy bien parada. Pero el segundo tiempo fue una cosa perfecta. Tac-tac-tac-gol-tac-tac-tac-gol… Tremendo. El equipo corrió todo el partido. Soy un convencido de que en un equipo deben correr los once, hasta el portero. Y así fue. Me encantó. Aparte está Ronaldo, que realmente ha sido un gran jugador que se metió entre los grandes ídolos de la historia de este club.
¿Ronaldo o Di Stéfano?
Épocas diferentes. Épocas diferentes. No se puede comparar. Ronaldo está veinte partidos que casi no corre, hace goles, pero participa poco del juego. Y Alfredo estaba activo los veinte partidos, participaba de todas las jugadas y además hacía goles. Esa es la diferencia.
¿Con qué momento o título se queda del Real Madrid?
Con la Intercontinental que le ganamos a Peñarol acá, en el Santiago Bernabéu. Triunfo de 5-0.
¿Lo disfrutó doble?
Y es lógico. En aquel momento, en 1960, había venido José Schiaffino a Europa. Y tuve la ocasión de ganarle a mi rival deportivo en Uruguay que era Peñarol, entonces lo disfruté el doble, porque además significó mucho para el Madrid. En ese entonces, tanto Peñarol en Sudamérica como Real Madrid en Europa eran las dos grandes potencias.
¿Qué tiene que tener un entrenador para ser exitoso hoy?
Primero, haber mamado fútbol desde muy pequeño. Jugando o no jugando, pero desde muy pequeño. Conociendo todo. Segundo, conocer todos los detalles del deporte. La reglamentación al dedillo, como una biblia. Y tener una forma de expresarse al jugar que siempre sea ganadora. Nunca reprochadora de nada, sino correctora.
(Fotos: gentileza Real Madrid CF)






