El Nacional de “los indios” del 88 y otras “ganadas y perdidas”…

Esta es una foto especialmente sacada para aquel suplemento de La República: futbolistas, técnicos, dirigentes y funcionarios, “todos juntos”. Este fue también el lema del Peñarol del quinquenio, del 93 al 97, donde también me tocó participar, pero esta vez desde adentro.

Por Jorge Pasculli

“Pero, cómo, vos no eras de Nacional?” Esa fue la pregunta-reproche de varios de los dirigentes y jugadores de aquel equipo del 88, campeón de América y del Mundo, cuando comencé a trabajar en Peñarol en 1993. Muchos de ellos no podían creer que alguien con el cual se había dado una conexión tan intensa… Es que -de chico y con mi viejo- seguimos con pasión aquel Peñarol de los 60. Que ganó todo sí, pero con entrega, con un estilo “carbonero”, “tesoneros y pujantes” como cantaba el gran Carlitos Roldán en su himno. Aquel Peñarol de los 60 para mí fue lo máximo. Con jugadores que duraban años en el Club y que atesorabas en los álbumes de figuritas. Con equipos –de todos los clubes- que repetías de memoria. Había corazón, queridas camisetas, barrios que vibraban por sus clubes. Tribunas compartidas por las hinchadas, camionadas, estadios colmados, partidos de la B y de la C de hacha y tiza, con canchas llenas. “Era otra época”, en todo.


Nunca fui “contra”. Siempre me conmoví por los grandes triunfos uruguayos, fueran de quien fueran. Mucho más desde que comencé a trabajar en el periodismo. Como que al tratar a los protagonistas de los distintos clubes se amplió más mi respeto y mi afecto, mi pasión por el fútbol y por el periodismo. Aprendí a conocer cada club, con sus historias, sus ganadas y sus perdidas, su barrio, su gente. Eso no implicaba olvidar lo que habían sido mis sentimientos y recuerdos de la década del 60 compartidas con mi viejo. Aquello era parte de mis más lindos momentos para siempre.

EMPEZARON A CUMPLIRSE MIS SUEÑOS


De grande pude hacer gran parte de todo lo que me gustaba de chico. Fui periodista deportivo y político, director técnico, docente de periodismo por más de 20 años, promotor artístico, animador de tablado… Mal o bien siempre me tiré al agua.
Un gustazo me lo saqué con la gesta tricolor de 1980 que cubrí para El Diario de la noche, junto a Atilio Garrido, Antonio Ceti, Alfredo Etchandy, Hebert Mayans, Oscar Avero, Luis Inzaurralde, los hermanos Julio y Sergio Decaux -dos grandes del periodismo- y otros compañeros. Siempre me gustó estar lo más cerca posible de la cancha, así que en la semana iba a cubrir las prácticas de Nacional, Peñarol y a los cuadros chicos que los enfrentarían el fin de semana. No me gustaba tocar de oído. Así aprendí un montón y conocí gente muy valiosa. Garrido era una máquina de laburar. A mí eso nunca me achicó. Venía de trabajar en fútbol, primero con Da Silveira y después con Víctor Hugo, mientras seguía desde 1977 en CX 30 La Radio con Germán Araujo. Para mí todo aquello era un sueño. Así que no me costaba nada, al revés era una excusa para “estar ahí” todo lo que pudiera.
Aquel Nacional arrancó el año con una fuerza bárbara. Don Dante Iocco al frente de una gran directiva, jugadores veteranos pero enteros que volvieron para dar jerarquía, como Espárrago y Morales. Mujica y Gesto que asumen la conducción y Nacional que no para: campeón de la Libertadores y la Intercontinental.

“HE ANDADO MUCHOS CAMINOS…”


Durante ese mismo año seguía trabajando en CX 30 La Radio y participé del concurso para periodista del programa Domingos Continuados que conducía Cristina Morán en Canal 10. Todo un año haciendo notas eliminatorias. Me tocó ganar junto a otros cuatro compañeros y comencé haciendo el deporte en Subrayado. Estuve 3 años. Luego me fui a dirigir a El Tanque en la B. “¿Estás loco?”, me repetían. Me apasionaba dirigir. Lo había hecho en el barrio y en la Liga Universitaria (un loco…). Llegaron el Mudo Montero Castillo, Palito Mamelli, Custodio, Daniel Torres, Roberto García, más los muchachos que ya estaban: Nichelle, Mesa, Paseggi, Guerrero, Víttola, Quiñones, Nilso García…una barra bárbara. Hasta hoy nos seguimos juntando en asados. El futbolista uruguayo es noble. Revive con los desafíos, hay como una vocación de mártires, de juntarse y estirar la amistad de cuando éramos niños y muchachos. No importa la edad ni cuanto hayas triunfado. El fuego para muchos sigue vivo. Y cuanto más difícil lo que se presenta, mejor. Presidía un joven Dr. Víctor Della Valle y estaban Enrique Fessler, Nelson Telias, el Picho Urtazú, el Pelado Vitta, el Pocho Rodríguez, con una barra metedora, de barrio. No había un peso y por los pocos puntos del año pasado se peleaba el descenso mano a mano con Oriental. No había cancha. Entrenábamos en el Parque de los Aliados, entre las madres y sus cochecitos. Una vez por semana nos subíamos al camión abierto de Roberto Pérez y nos metíamos en alguna cancha que no estuviera ocupada por Camino Carrasco. A pesar de todo eso dimos lucha. Los resultados eran dispares y no nos podíamos alejar del Oriental. Ellos habían contratado a Pedro Graffigna, a quien yo había querido traer pero no había plata. Jugó y dirigió a los celestes de La Paz. Pedrín – veterano y todo- era como un tren cargado, una topadora sin frenos y en bajada. Tras la primera rueda dejé el cargo a ver si podía cambiar la cosa. Fui a todos los partidos. Por un punto se bajó a la C. Sufrí como loco por aquel descenso, con aquellos muchachos, con aquella barra de amigos que había fundado a El Tanque (por el tanque de nafta de Cerro Largo y Yaguarón, zona por donde vivían) y con los cuales todavía hoy mantenemos una gran amistad.

HABLAR ES FÁCIL

Cuento esta “perdida” porque para mí terminó siendo una “ganada”. Aprendí un montón de cosas. Del fútbol y de la vida. Tenía 28 años y “me comía la cancha”… Hasta que aterricé de golpe. Y me dolió el alma. No por mi orgullo, sino porque bajara El Tanque, con toda aquella gente. Ser entrenador es impresionante, pero el fútbol es muy cruel. En aquel momento fue muy muy duro. Porque la gente y los futbolistas me habían querido y apoyado. Ahí aprendí a bajar el copete. Está bien intentar todo pero no todo se puede lograr. Hay que medir fuerzas y conocer límites, cosa que siempre me costó (¿por qué hablo en pasado?) De afuera es muy fácil, pero de adentro… De ahí se acrecentó mi respeto por los que hacen el fútbol: futbolistas, técnicos, jueces, funcionarios, dirigentes, hinchas. Mi corazón siguió allí, con la “verdinegra”. Volví para dirigir juveniles en 1989 y 1990, porque después de hacer el curso de técnico quise sanar aquella herida. Pero aquel desgarrón del 83 me ayudó a valorar. Me ayudó a ser un periodista más respetuoso todavía, más cauto en mis opiniones. A ser un docente más exigente a la hora de no aceptar opinólogos de escritorio. Ahora ya sabía lo que costaba y lo que dolía.
Aquel pasaje inolvidable fue en la primera mitad del 1983, donde después, con Antonio Davezies y un montón de humoristas de Guambia, sacamos “orsai” un semanario de humor deportivo. En 1984 volví al periodismo político. Participé en el diario La Hora, luego en el semanario “Las bases” y en el 1987 fundamos el diario “Con Todo”, con Pedro Cribari y varios compañeros más. Con Pedro habíamos estado juntos en La Hora y desde hace unos años en su revista Túnel, hoy página WEB. Aquel fue otro golpazo. Nos fundimos “con todo” y estuvimos durante 3 años pagando deudas (¿Cómo era lo de medir fuerzas y conocer límites?)

SE VE QUE TENÍA QUE SEGUIR “APRENDIENDO”…

La vida es un continuo caer y levantarse. Caer y levantarse. Hasta que un día no te levantás más. Pero mientras tanto vas aprendiendo. Vas aprendiendo a darte cuenta lo poco que sabés. La vida te lo enseña a sopapo limpio. Cómo cuesta vivir y levantarse tras cada caída. Y eso te hace más respetuoso de las caídas y levantadas ajenas. Por eso, cuando después de haberme caído de nuevo lograba salir adelante, para mis adentros me preguntaba: “uy…la que se me viene ahora, quien sabe por dónde me aterrizan de nuevo” (me lo sigo preguntando y espero seguir preguntándomelo por mucho tiempo más).

VOLVER A EMPEZAR…

En mayo de 1988 apareció el diario La República, dirigido por Federico Fasano. Me tocó volver al fútbol y ser jefe de Deportes. Llegaba todo abollado pero agradecido por la nueva oportunidad. Entonces, en mi primera columna, conté que había sido hincha de Peñarol en los 60. Y que eso no lo podía ni lo quería negar. Pero era pasado. Por las dudas, para que el lector estuviera atento y pudiera “vigilarme” si quería. Y después no volví más sobre el tema. Porque yo no sentía ningún tironeo. Eso sí, siempre fui mucho más severo con Peñarol que con todos los demás. Se me hubiera caído la cara de vergüenza frente a la gente de fútbol con la que estaba todos los días si hubiera aprovechado mi posición para sacar algún tipo de ventaja. Incluso en el 93 cuando tuve el privilegio y el honor de trabajar 7 años en Peñarol no lo hice como hincha. Lo hice con absoluta entrega para responderle a tamaña responsabilidad, a su gente, a mis compañeros.
En el diario armamos un equipo muy laburante, muy unido, la mayoría muchachos de mi Taller de Periodismo de la parte deportiva. Estaban Silvia Pérez, Carlos Larraya, Eduardo Magaldi, Edilberto Soto, Dardo Gil, Gerardo Graña, Jorge Ortiz, Daniel Ferreira, Edward Stanley, y en otros deportes Silvio Rienzi, Nelson Ghiringhelli, Guzmán Aguirre, Chiquito Sagarra. Pero además estaba la columna de Dalton Rosas Riolfo, un sabio, testigo y parte fundamental de la historia de nuestro fútbol, de la creación de la Mutual, del carnaval y de Daecpu, de las criollas, del Tony Park (pequeño Parque Rodó ambulante) por todo el país. Escribía una columna que se llamaba “cortita y al pie”. Sencillo y bonachón, pero sabio y generoso. Ahí estaba la historia de nuestro fútbol que él había vivido. Historias de vida que te pateaban el pecho. “Otras épocas…” Yo lo había invitado a escribir en “orsai” cosa que él nunca había hecho. Luego lo invité a La República. “Yo no soy zurdo pero voy con mucho gusto. Es un honor que me inviten”, le dijo a Fasano. Un MAESTRO. También escribían Enrique Yannuzzi, Américo Signorelli, Máximo Goñi, Raúl Tinta brava Castro, luego se incorporó Raúl Barizzoni. En aquel entonces los fotógrafos, verdaderos compañeros de aventuras, eran Ricardo Bica, José Pampín, Margarita Lemos, Washington Rodríguez, Ariel Chabalgoity y Bolívar Marchelli. No había mucha plata pero todos cobraban lo suyo y nos entusiasmaba formar parte. Nadie se sentía estrella. En aquella época las redacciones estaban llenas de gente y de humo. Nuestro lugar era en el altillo del diario. Allí se armaban apasionadas ruedas con los columnistas que venían a traer sus notas. Una barra muy parecida a la que encontré en este Nacional 88. Ahora me doy cuenta…

Portada del diario La República de 1988, cedida por el autor de la nota.

¿QUÉ DICE ÉSTE… CÓMO… POR QUÉ…?

En el primer semestre me tocó seguirlo en la Supercopa, una especie de Sudamericana de hoy. El equipo venía en crecimiento. Metiendo pata y jugando con practicidad y contundencia. Le ganó bien a Flamengo que tenía un cuadrazo. Así llegó a semifinales, donde le tocó el Cruzeiro. Nunca viví la sensación de que un estadio se moviese. Eran 100.000 brasileros desacatados en su aliento. Fue en el de Minas Gerais la noche en que Cruzeiro eliminó a Nacional con un gol de avalancha, pasados 7 minutos la hora, cosa que en aquella época era una enormidad. Una injusticia por todo lo que los tricolores habían luchado. El juez era el argentino Calabria y en aquellos años se daban 2 o a lo sumo 3 minutos de alargue… El festejo fue apabullante durante varios minutos. La desazón de los uruguayos también. Pero no se iban de la cancha, no lo podían creer. Nadie se metió con ellos. Habían sido unos leones. Nada que reprocharse. En el avión de regreso sereno silencio. En el último asiento, solo, abrazado a una enorme caja de autitos de colección, el Indio Morán al que le habían avisado antes del partido que había sido padre por primera vez. Era el único comprensiblemente feliz en aquel avión. No se sabía entonces que esa misma noche había nacido un Nacional ganador. Yo estaba allí, lo vi, lo sentí y por eso titulé: “Nacional está para Campeón de América”, aunque no se entendiera mucho…

UN CUADRO DE FIERRO AFUERA DE LA CANCHA

Nacional venía de 5 años sin ganar nada. Desde el 80 que no llegaba a una final de la Libertadores e incluso estuvo varios años sin clasificar a ella. Tenía un déficit económico muy grande y todavía quedaban heridas de una interna directriz feroz. Completito.
El club lo presidía el Cr. Mario Garbarino, un presidente centrado, criterioso, de bajo perfil. Además estaban Néstor Scavino, el Dr. Víctor Della Valle (ahora mejor económicamente, seguía “bancando” a El Tanque pero de costado), Ceferino Rodríguez, Hernan Navascués, Roberto Recalt, el Cr. Givogre, Morgan Martínez, André, Arismendi, Lale, Novogrevelsky, May, Bagnulo, entre otros. Daniel Domínguez era el gerente. Era un grupo de dirigentes muy unidos y trabajadores que tenían que hacer maravillas con poca plata. También estaba el Dr. Alfredo Cambón, que venía de épocas muy tormentosas para el club.

Vuelta Olímpica en el Estadio Centenario después de vencer claramente a Newell’s Old Boys en la final.

RECONOCER LO INJUSTO ES SANADOR

En ese momento realicé una de las cosas más positivas de todos mis años en esto. Miguel Restuccia había sido el presidente del club durante varios años. Desde finales de la década del 60 hasta el 80. A pesar de sus esfuerzos por armar grandes equipos se había comido los últimos años de supremacía aurinegra y no había podido obtener la Libertadores en dos finales: Racing 67 y Estudiantes 69. Pero al final lo logró en 1971, cortándole la racha a los pincharratas de Bilardo, Pachamé y Zubeldía. Nacional es campeón de América, y del Mundo contra Panathinaikos de Grecia. Sobre finales de los 70 se destapa un tarro en Nacional, pero que involucraba a casi todos los clubes. Con tal de lograr sus transferencias al exterior los futbolistas renunciaban al derecho de su 20% en favor del club vendedor, a fin de que este obtuviera una suma más interesante. No es que nadie se quedaba con esa plata, se la quedaba el club. El único que marchó preso fue Restuccia, que pagó el pato por todos. Lo denunció un jugador, bajo presión de un dirigente. Se armó un escándalo como si fuera la primera vez y nadie supiera. El hombre fue defenestrado públicamente como pocas veces se vio. Bueno, debo decir que-con satisfacción y orgullo- la primera nota aclarando todo y poniendo las cosas en su lugar, la hice en 1988 para La República. Luego una entrevista con él. No es mérito, fue como un darse cuenta, un mandato ético, un escalofrío, un “hay que ayudar a este hombre…” A partir de ahí se “desproscribió” a Don Miguel y fue recibiendo el apoyo de su club, de su gente y de todo el fútbol. Habían pasado casi 10 años de duro ostracismo para él y su familia. Con su condena había salvado a muchos dirigentes de otros clubes que hacían lo mismo y se callaron la boca.
Para Nacional fue un alivio “el regreso” de Don Miguel, ayudó a restañar heridas y a unir al club.

UN CUADRO DE FIERRO AL COSTADO DE LA CANCHA

En Los Céspedes también había un equipazo, unido, sencillo, trabajador. Luis Ubiña –gran capitán del 71- era el intendente. Y con el Peta no se jodía. El Dr. Carlos Suero era el jefe médico, de gran jerarquía; Quique Vázquez el kinesiólogo; Walter Haynes en la utilería; Morrongo Olivera en la cocina; todos con gran experiencia y calidad humana. Y las señoras de la cocina y de la limpieza, personas muy humildes pero serviciales y afectuosas, completaban un equipo de “afuera”, de todos los días, que no salen en los diarios pero que son fundamentales. Muchos días de viajes y concentraciones, de recuperación de lesionados, necesitan de verdaderos sostenes también en lo afectivo. No sólo por la presión con que se vive, sino porque –como en este plantel- la mayoría venía del interior y encontraron en la calidez humana de esta gente un apoyo afectivo fundamental. Gran parte de los éxitos de un equipo se generan en el vestuario, en la utilería, en la sanidad, en la cocina, en la sala de juegos de una concentración.

UN CUADRO DE “INDIOS” ADENTRO DE LA CANCHA

Nacional era dirigido por Roberto Fleitas, el Profe Cono Carminatti y Saúl Rivero. En aquella época un cuerpo técnico muy unido, sencillo, trabajador, bajo perfil. Eran tres no como ahora que son otro equipo de once. Pusieron orden, metas claras, pasos posibles, eligieron bien los futbolistas Mucho trabajo y pocas palabras.
En la cancha había buen cuadro. También unido y trabajador, fórmula que a lo largo del tiempo es la que funciona. A menos que tengas millonadas para traerte lo mejor que ande por ahí, pero esto solo no garantiza nada. Muchas figuras, muchas veces, terminan todas peleadas. En cambio cuando hay unión, compañerismo, hambre de pan y de gloria, trabajo, siempre se compite. Aunque no haya muchas figuras. En este Nacional no las había, salvo Hugo De León que volvió para la segunda parte de la Libertadores y fue un aporte importante con su calidad y experiencia. Había buenos jugadores sí, que se destacaron en función del equipo y de la confianza tras los éxitos que se iban consiguiendo.
Por eso les puse “los indios”, no sólo porque estaban el Indio Morán y el Indio Molina, que se comían la cancha y tus tobillos, sino porque era un cuadro de morochos metedores. No había rubiones de exquisita técnica. Todos metían pata y laburaban para el equipo. Y a la hora de jugar eran prácticos y contundentes.

Cuerpo técnico de Nacional: ayudante técnico, Saúl Rivero, DT Roberto Fleitas, PF Prof. Cono Caminatti. Foto: revista Sólo Fútbol (Argentina).

NINGUNO QUISO SER MÁS QUE LOS 11 JUNTOS

El plantel tricolor lo conformaban Jorge Seré (apodado Superman por todo lo que atajó ese año), Mario Alles era el suplente y el tercer arquero era Aníbal Paz, todo un símbolo tricolor. La defensa raspaba de lo lindo, todos “aindiados” y de rostro serio: Tony Gómez, Daniel Revelez, primero Martín Lasarte, luego Hugo De León y el Chango Pintos Saldanha (un personaje de aquellos); como suplentes estaban el Indio Molina, Enrique Saravia, Jacinto Cabrera y Carlos Soca.
En el medio; Santiago Vasco Ostolaza, un Peta Ubiña de este equipo. Metía, pero además jugaba y hacía goles decisivos. Lo principal: trasmitía ir para adelante. Capitán y caudillo sin buscarlo. Jorge Daniel Cardaccio, flaco, alto, incansable. Metía, laburaba y hacía goles. Yubert Lemos era el que con sus pases largos asistía a los 3 de arriba que corrían y definían. También hacía goles con sus tiros de afuera del área. Como primer suplente del medio estaba el Indio Morán, un packman todoterreno. Si lo veías venir correte… Con la pelota no era un negado e hizo 2 goles.
Adelante 3 delanteros prácticos y contundentes. Ernesto Pinocho Vargas, rápido, fuerte, con gol. Venía de Peñarol, pero la hinchada lo adoptó enseguida. Carlos De Lima, un “puma”, acechante, oportuno para meter el zarpazo. Hizo goles muy importantes. Luego, ya veterano y al borde de su retiro, también fue fundamental en el último año del quinquenio de Peñarol. William Pato Castro, zurdo, jugaba por todo el costado. Desbordaba pero también colaboraba defendiendo. Como suplentes del ataque estaban Daniel Carreño, Mario López, Sergio Olivera, Hugo Romeo Guerra. Completaban el plantel Luis Rivero, Rúben Chilindrón, Julio Lancieri y Robert Britez

RECORD: 9 FUTBOLISTAS HICIERON GOLES

Esto también fue muy importante. En la mayoría de los equipos la mayoría de los goles los convierten 1 o 2 futbolistas y los restantes entre 2 o 3 más. Fueron muchos los que ayudaban con sus goles y por distintas vías: Lemos hizo 4, Vargas 3, De Lima, Revelez y Ostolaza 2; De León, Cardaccio, Morán y Castro, 1. Total: 9 futbolistas convirtieron.

EN 14 PARTIDOS SOLO 2 DERROTAS


En primera fase empata 0 a 0 con Wanderers y de local vence al América 2 a 0 y a Millonarios 4 a 1. En las revanchas 1 a 0 a Wanderers, pierde 6 a 1 ante Millonarios. Fue un duro golpe. Cualquier equipo pudo caerse, pero se clasifica ante el América 0 a 0 de visita.
En segunda fase empata 1 a 1 con la Católica allá y 0 a 0 acá, donde pudo ganar por goleada, pero todo el santoral estuvo de parte de los chilenos. En tercera fase se encuentra con Newell’s: 1 a 1 allá –en partido con muchas irregularidades- y 2 a 1 acá. En cuarta fase otra vez el América de Falcioni. Acá gana con gol de Yubert Lemos al primer minuto y luego a remarla. Allá empata en la hora De Lima, remando todo el partido.

Gol de Héctor «Indio» Morán a Montevideo Wanderers, en la primera fase. El público festeja.

TODO FUE TABAJOSO HASTA LA 2DA. FINAL

Así fue este Nacional, sin lujos, sin sobrarle nada, pero yendo a todas, queriéndolas ganar todas. Hasta la segunda final. Antes había perdido 1 a 0 ante Newell’s allá. Pero acá fue un despliegue de muy buen fútbol. Sin lujos, pero contundente, apabullante por momentos. Como que el equipo se soltó. Juntó toda la confianza y el sacrificio que acumuló durante el año, desde aquella eliminación ante el Cruzeiro, siete minutos pasada la hora y en avalancha. Esto para mí era una realidad ya antes del partido. Esa mañana La República publicó: “¿Por qué Nacional campeón? Por “indios”, que quiere decir garra, ganas, corazón, vergüenza, lucha, modestia, trabajo, unión, compañerismo, lealtad a una institución, ofrenda a la hinchada, al país, espíritu de superación, golpes anteriores, ilusiones, la familia, el futuro. Muchas cosas. Que seguramente los muchachos de Newell’s también las deben tener. Pero como dice el Vasco Ostolaza, los uruguayos tenemos ese “restito”… Porque si no cómo se explican tantas hazañas siendo una miguita en el mapa. Son un buen equipo, nada más. Pero imbancable. Te aflojan las muelas en cada trancazo. Se hablan, se apoyan, se exigen, entregan todo. Y cuando tienen que atacar lo hacen con tantas ganas y fuerza que –aún sin claridad- lo logran a corazón. Que nadie vaya a creer que esto es poco. Es la base que siempre han tenido los grandes triunfos internacionales de los equipos uruguayos.
Nacional será el campeón esta noche y 80.000 gargantas quedarán afónicas. No es una adivinanza ni un deseo. Es una certeza. Que surge clara, firme, sabiendo que los partidos hay que jugarlos y que estos rivales no son cualquier cosa. Es la confianza por conocer de cerca a este grupo, de verlos convivir y de actuar fuera del país.”

A LO MIKE TYSON

No cabía un alma. El recibimiento fue nunca visto. Y a este equipo no le pesó ser local, no lo “presionó” su hinchada. Salió de entrada a atropellar al rival, a meterlo debajo del arco, a tirar de todos lados. No había otra. Este Newell’s tenía muy buenos jugadores: Alfaro, Martino, Sensini, Batistuta, Scoponi, Darío Franco, Almirón, todos de selección. No había que darle tregua ni espacio. Nacional fue una tromba.
Nacional formó esa noche con Seré, Pintos Saldahna, Revelez, De León y Soca; Ostolaza, Cardaccio y Lemos; Vargas, De Lima y Castro. Luego entraron Morán por Castro y Carreño por Vargas.
Newell’s formó con Scoponi, Llop. Theiler, Pautaso y Sensini; Martino, Rossi, Franco y Alfaro; Gabrich y Batistuta. Luego entraron Almirón por Alfaro y Ramos por Llop.

Ya a los 13’ Soca se anticipa a una pelota, desborda, mete el centro y de media vuelta Pinocho Vargas la clava. Explota el Centenario. Newells trastabilla al borde del nocaut- A los 36’ el Vasco Ostolaza mete el segundo de cabeza.
Newell’s no se entregó pero chocaba contra una muralla. A los 34’ del segundo tiempo escapa el Pato Castro y le cometen penal. Hugo De León, con toda serenidad, vence a Scoponi. 3 a 0. Pero igual hubo que jugar un alargue porque el reglamento lo imponía si cada finalista había ganado un partido, sin importar la diferencia de goles. En cambio al final del alargue si no se superaban, salía campeón el de mayor diferencia de goles. Nacional estaba sólido. Tanto que el Estadio fue una fiesta mucho antes de terminar los 120’.
Fin de una larga 29º edición de la Libertadores, donde Nacional tuvo que disputar 14 partidos, ganó 6, empató 6 y perdió 2. Hizo 17 goles y recibió 12 (6 contra Millonarios, allá, por la segunda fase).
La última Copa ganada por un club uruguayo. Hace 37 años…

HAZAÑA COMPLETA: LA INTERCONTINENTAL

Un mes y medio después los tricolores debieron marchar a Japón para enfrentar nada menos que al PSV Eindhoven de Holanda, del largo arquero Van Breukelen, de Van Aerle, Koeman y Romario, dirigidos por el veterano Guus Hiddink.
La final duró 120´y se debió definir por penales, lo cual parecía darle ventaja a los holandeses porque venían de clasificarse campeones ante el Benfica de esa forma.
El partido terminó 1 a 1 y el alargue 2 a 2. La serie de penales fue muy pareja e infartante ya que debieron ejecutar 10 futbolistas de cada equipo.
11 de diciembre de 1988
Cancha: Estadio Olímpico (Tokio, Japón)
Juez: Jesús Díaz Palacios (Colombia)
Nacional: Jorge Seré; Tony Gómez, Hugo de León, Daniel Felipe Revelez y José Luis Pintos Saldanha; Santiago Ostolaza, Yubert Lemos y Jorge Cardaccio (Héctor Morán); Ernesto Vargas (Daniel Carreño), Juan Carlos de Lima y William Castro. DT: Roberto Fleitas.

PSV Eindhoven: Hans Van Breukelen; Erick Gerets, Ronald Koeman, Adick Koot y Jan Heintze (Hans Gillhaus); Berry Van Aerle, Søren Lerby, Gerald Vanenburg (Stan Valckx); Wim Kieft, Romário y Juul Ellerman. DT: Guus Hiddink.

Santiago Ostolaza abrió la cuenta a los 7 minutos de juego. Sin embargo, a los 75´, los holandeses empataron, por lo que fueron al alargue. En éste, los holandeses se pusieron en ventaja con un gol de Ronald Koeman faltando muy poco para el final. Pero –cuándo no- el Vasco Ostolaza empató definitivamente el encuentro 2 a 2.
Seré –Superman- atajó tres penales, otro dio en un caño. Para Nacional convirtieron Lemos, Castro, De León, De Lima, Revelez y el último –infartante realmente- Tony Gómez: 7 a 6.
La madrugada uruguaya amaneció tricolor. Una nueva hazaña celeste. La última a nivel de clubes.

PARTE DE LA EXPLICACIÓN DE PASAR DE INDIOS A CACIQUES DE AMÉRICA

La dio Enrique Quique Vázquez, masajista de aquel grupo, con larga experiencia también en la selección: “Muchas veces se dice que somos la cabecera de un plantel. Los que conocemos más su intimidad, sus problemas, con quienes ellos se confiesan. Porque siempre estamos a su lado, con el máximo de entrega. Este es un grupo sensacional. Llevo 35 años en el fútbol y 14 en Nacional. Con esa base le digo que son un grupo fuera de serie como personas. No ocasionan problema ninguno. Tienen una gran humildad y hay un gran compañerismo. Junto a la parte futbolística, eso es lo fundamental para haber logrado estas conquistas.
Usted lo ha podido ver. En los viajes, por ejemplo, cómo nos ayudan a la sanidad y a la utilería con los baúles y los bolsos. No hay ni que pedirles nada. Y esto también es una obra donde Roberto Fleitas ha sido fundamental.
Realmente ha sido hermoso este trabajo que hemos vivido durante la Copa. Inolvidable. Créame que no solo es lindo haberla logrado, sino cómo se trabajó para conseguirla. Con eso le digo todo. Ojalá pudiéramos vivirlo todo de nuevo”.
Pasaron 37 años de aquella última conquista a nivel de clubes. Se pudo. A nivel de selección, logramos el 4to. puesto en Sudáfrica 2010 y la Copa América 2011, como puntos altos de 15 años de digna, entregada e interesante actuación, que convocó a todos los uruguayos, fueran futboleros o no. Se pudo.

SI NO HAY GARRA Y HAMBRE DE GLORIA CON FÚTBOL…

Cuando era chico mi viejo me llevaba siempre a la Olímpica. Tempranito. Apenas estaban saliendo los equipos de reserva. Yo feliz. Mientras jugaban se iba armando una rueda de veteranos, parte de los 3 millones de directores técnicos que siempre tenemos. La verdad es que me calentaba mucho porque eran unos eternos desconformes. Te estoy hablando del Peñarol de los 60, que ganó todo. Pues los tipos dale que dale con que “son horribles y aquel no puede jugar y te acordás de fulano y el petiso que la rompía y el hermano que jugaba mejor…” Y ahora yo estoy igual pero –en todo caso- nostalgia con razón, creo. Es verdad que la economía cambió en 1968 con la gran devaluación que impidió seguir trayendo a grandes jugadores de América como Manga, Artime, Spencer, Cubilla, Onega, Figueroa, por nombrar solo algunos. Pero hoy somos el “mercado” más chico junto con Venezuela y Bolivia. Es imposible mantener planteles y futbolistas de valía. Si antes jugaban años en un equipo hoy juegan ratitos y emigran. Es comprensible. Pero eso impide que haya estabilidad, que se genere adhesión entre los planteles y con las instituciones. La plata parece poderlo todo. Si nos conformamos con esa justificación perdemos el fútbol uruguayo. Pero si la plata fuera todo, los grandes tendrían que ganar cómodos en lo local. Sin embargo…
Hoy las instituciones no se pueden mantener. Los clubes han sido tomados por las SAD (Sociedades Anónimas Deportivas) ¿Y quiénes son? ¿De dónde sale la plata? ¿A quién rinden cuentas? La mayoría de los clubes apenas mantienen su nombre y sus colores, pero ya no son de sus socios y directivos. Y muchas viejas Instituciones ya desaparecieron porque no pudieron pagar sus deudas. El dinero parece mandar todo. Y si mirás para la FIFA mucho peor. Otro mundo. Con la excusa de la pelotita un montón de vivos “se hacen la pelotita”. Se han montado un enorme negocio. Groseros. Se fueron al carajo.

NO ES SOLO LA PLATA Y SOLO CON METER NO ALCANZA

Actualmente, en lo local, la balanza está inclinada hacia la lucha en vez de jugar. No se disfruta jugando, hasta se hace tiempo groseramente como si se deseara que el partido se termine pronto, que nadie me la pase…El pánico escénico domina los partidos. Futbolistas que confunden fútbol con rugby o creen que es guapeza hacerse echar. Se lucha con desesperación y eso genera muchos desgarros por equipo. Un técnico pierde 3 partidos y es boleta. Así es muy difícil.
Nadie pide lujos o un juego exquisito. Por lo menos lo que siempre tuvimos los equipos uruguayos: fuertes defensas y veloces y efectivos contragolpes. Pero sabiendo a qué se juega, con lucidez y orden. No a la desesperada desde el primer minuto al último. Claro, en cambio ves los partidos europeos de la Champions y parecen dos ballets. Los botijas conocen más los clubes y futbolistas europeos que los nuestros. Duele. Pero si mirás un partido de baby fútbol nuestro es un manicomio de gritos de padres y madres apurados porque sus hijos ganen como sea y un contratista lo venda al exterior. Y así, ¿cómo van a jugar?
¿Exagero? Así vamos mal en todos los planos. ¿Solución? Lo primero es reconocer la situación y todos los aspectos que involucra. No soy muy optimista en cuanto al interés real de los distintos sectores que hoy están en el fútbol en revisar y cambiar. Y ese es el principal problema.

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Suscribase

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