Así nos ve el ciego
Jugador, técnico y ahora comentarista de televisión en su Perú natal, Juan Carlos Oblitas, amplio conocedor del fútbol uruguayo, estrena un espacio sobre cómo se aprecia el fútbol uruguayo desde afuera.
Elegido para el antidoping, Juan Carlos se demoró en orinar aquel domingo 23 de agosto de 1981, el resto de la selección peruana ya había partido hacia el aeropuerto de Carrasco para regresar a Lima y él fue trasladado en un patrullero al que le abría camino una moto donde ondeaban dos pequeñas banderas peruanas.
“Por supuesto no sabían que en el interior iba yo, pero la gente saludaba, aplaudía, me sorprendió ese comportamiento, la caballerosidad, el civismo”. Y no era para menos esa sorpresa en un deporte en el que muchas veces asoman agresividades y violencias incomprensibles dentro y fuera de la cancha, que lo asemejan más a una guerra que a un juego”.
Y ese no fue un domingo cualquiera. Perú le había ganado a Uruguay con una brillante exhibición de fútbol y este exquisito zurdo de treinta años y un metro setenta y seis había sido uno de los grandes protagonistas en ese tarde que acercaba a Perú a España 82 y alejaba a Uruguay.
“Siempre tuve una buena vinculación con los uruguayos”, dice Juan Carlos Oblitas, apodado el Ciego por jugar con lentes de contacto. Quien no la tuvo con él fue José Hermes Moreira, el lateral uruguayo que lo sufrió viéndolo pasar como un avión en ese partido que resultó clave finalmente para la clasificación de Perú al mundial de España 82.
Tan frontal en sus opiniones como en su juego, Oblitas, ahora comentarista de Gol TV, no deja de mostrar al aire la sapiencia, que también paseó durante años como técnico exitoso. “Alianza Lima juega a la uruguaya”, comentó su joven compañero de cabina –de esos que sólo pisaron una cancha para dar el puntapié inicial de un partido por el día del periodista–, definiendo profundamente al equipo peruano que entrena Guillermo Sanguinetti, aquel lateral derecho uruguayo de Wanderers de gran trayectoria en Gimnasia y Esgrima de la Plata. “¿Y cómo es jugar a la uruguaya?” enmendó el Ciego y agregó: “¿Acaso Defensor juega como Nacional, o como Peñarol o como Danubio?”. Y no tuvo respuesta.
“No me gustan los estereotipos”, me dijo cuando le recordé esta conversación.
“Tú y Uruguay es el tema”, le dije entrando al área de la entrevista con pregunta dominada:
¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando te digo “Uruguay”?
“El 72, en Universitario, el técnico era uruguayo, Roberto Scarone, jugando la Copa Libertadores, contra Peñarol y Nacional, empatamos los dos partidos en Montevideo, en el último partido con el empate, clasificaba Peñarol, Nacional tenía que hacerle cinco goles en el último partido, le hizo tres y clasificamos nosotros. Nos enteramos por la radio”; en el equipo jugaba otro uruguayo, Rubén Techera, ex Rampla y Nacional, “era nuestro hombre de pelea en el mediocampo”.
“Después recuerdo lo del 81, Barbadillo por derecha yo por izquierda, La Rosa y Uribe por el medio, Velásquez y Cueto en el medio sector, pero en esa época nosotros ya volanteábamos, nos adelantamos a la época, ya éramos lo que después serían aleros, jugábamos un 4.4.1.1, pero eso fue un pedido que le hicimos Barbadillo y yo a Tim, el técnico [Elba de Padua Lima, brasileño]. Ya no podíamos jugar como punteros-punteros, el espacio se había reducido, Uruguay tenía una selección extraordinaria: para sacarse el sombrero.
¿Y cómo explicas el éxito histórico del fútbol uruguayo?
Es un fenómeno que nos sorprende a todos. Hace poco en una universidad participé de una charla y se tocó ese tema: es increíble cómo con tres millones sigue exportando, año tras año, jugadores con una calidad impresionante ¡y tantos! Creo que la única explicación es el trabajo en los clubes, que saben que la única forma de supervivencia es esa, la venta de jugadores. Todo lo contrario sucede acá que se pensó que jugadores de la dinastía que tuve la suerte de integrar iban a seguir saliendo solos y dejamos de trabajar. Y ahí están los resultados. El gran trabajo de Uruguay radica en la formación de los jugadores, el gran problema es que se están yendo demasiado jóvenes, entonces uno ve el campeonato uruguayo lleno de jugadores de regreso y poca gente joven.
¿Y la famosa garra?, ¿se ganan partidos sólo con garra?
Existe una mística, tienen una mística que les hace sacar resultados en determinados partidos. Es real. Pero debería ser normal, debería ser intrínseco al jugador, a todos los jugadores, a la par de la capacidad técnica.
¿Se puede inculcar?
No, es raza. Lo que podemos es tratar de contagiarlo haciéndoles ver a los chicos ese ejemplo.
Veo a Uruguay y me da la sensación de que empiezan a jugar cuando la pelota la tiene el rival; en Perú veo lo contrario, es decir no trabajan la marca. ¿Lo ves así?
Ese es el gran déficit del fútbol peruano. Tuve a don José Ricardo de León en el Veracruz; fue el mejor técnico con el que trabajé. A algunos gustaba, a otros no, pero fue un adelantado a la época. A mí no me vengan con cojudeces: ¡el primero en hacer pressing fue él! Hablamos de los holandeses pero De León empezó con el pressing mucho antes. Pero ojo, se centraba tanto en el pressing que descuidaba la posesión del balón. Los holandeses después la hicieron completa: pressing y posesión.
Aprendí de él a entrenar sin arquero para mejorar las marcas. El Pepe era un tipo extraordinario, políticamente de izquierda, contestatario, un tipo sensacional, trabajador puro de campo, no teórico, sus charlas antes de los partidos eran cortas, más que nada motivacionales, ya sabíamos lo que teníamos que hacer porque ya lo habíamos trabajado durante la semana. Un adelantado. En el aspecto táctico fue del que más aprendí.
¿Y Roberto Scarone?
Roberto tenía algunas premisas: llegar puntual, hablar y vestirse bien, y trabajar, claro. Con él en Universitario fuimos campeones y jugamos la final de la Libertadores en 1972. También tuve a [Juan Eduardo] Hobberg, jugábamos como era él, sobriamente, nos sacó también campeones (1974). Uno aprende de todos los técnicos, pero “el técnico” para mí fue Ricardo.
¿Jugadores uruguayos?
Además de Rubén Techera, Carlos Daniel Jurado, él era meter, meter y pegar, porque todos jugábamos bien y él ponía el trabajo sucio, era indispensable.
¿El jugador uruguayo sabe pegar?
Sí, y es la diferencia con nosotros. Cuando pegamos nos expulsan, los uruguayos saben cómo hacerlo.
En ese sentido, ¿cuál era el jugador más “uruguayo” de los peruanos?
Percy Rojas, paradójicamente delantero, mi compadre te pegaba y nadie se daba cuenta. Y cuando hablo de pegar no significa pegar un piñazo o patada alevosa. No somos mañosos pero es necesario, el fútbol es todo eso, por eso tengo cierta admiración por el maestro Tabárez, porque en la selección uruguaya y en todas las categorías que maneja ha tratado de quitar esa áurea de que te pego y todos los partidos tienen que terminar en bronca. Siento que les ha imbuido que la garra es inherente a ellos, el amor propio, pero no necesitamos papelones”.
¿Jugaste contra Juan Joya?
No, él era mucho mayor. Era puntero izquierdo como yo, pero dicen que casi siempre jugaba mejor por la Olímpica, ahí eran sus mejores 45 minutos, curiosamente a mí se me daba lo mismo. El Centenario y el Nacional de Chile fue donde mejor jugué.
¿Julio César Balerio (arquero uruguayo, nacionalizado peruano, jugó las eliminatorias para Francia 98)?
Julio César llega a Cristal a pedido mío, una de las mejores decisiones que tomé, un arquero adelantado, sabía jugar al fútbol, entendía, sabía jugar con los pies, lo que se busca ahora en el mundo entero, saber salir jugando de atrás con los pies. Además era un estudioso, sabía, estudiaba cómo pateaban los penales quienes los pateaban. Además era líder, un tipazo, pero fumaba mucho (murió en 2013 con 55 años).
¿Cómo ves a Uruguay ahora?
He visto a los mismos, creo que les puede pasar lo de España. Dije alguna vez que se necesitaba un cambio, y ese cambio no podía venir con Del Bosque. En Uruguay tiene que haber un cambio y no lo va a lograr con el maestro, o será muy difícil, es el tema del grupo.
¿En dos palabras cómo definirías al fútbol uruguayo?
Mentalidad ganadora y capacidad individual en algunos jugadores extraordinarios. Hambre de gloria.
¿Una selección ideal uruguaya para Oblitas?
La del 81, de haber sido dirigida por Ricardo de León.
¿Uruguay como país?
Me encanta Montevideo, Uruguay en general, fui hace tres años, mi esposa quería conocerlo, salimos a caminar por la rambla y me dijo algo que ya se me había pasado por la cabeza: “Si tú me dices para ir a vivir a otro país yo me vengo a vivir acá”.
¿Te marcó alguna vez ese atildado [risas de ambos] lateral uruguayo, el Peta Ubiña?
En el 73 jugamos contra la Mutual que era casi la selección –nos preparábamos para un partido extra contra Chile por las eliminatorias–. La cancha era terrible, había llovido mucho en Montevideo, era puro barro. Ahí me marcó Ubiña… me reventó, cada vez que me marcaba me mandaba a la tribuna, pero eso sí, siempre me pedía disculpas: “Perdoná, pibe”, me decía.
Roberto Scarone, uruguayo, nuestro técnico le llamó varias veces la atención, recordándole que era un partido amistoso y que jugábamos uno importante una semana después, pero nada.
Era duro pero honesto, siempre iba a la pelota, pero te mataba físicamente, era su juego, un jugador respetuoso pero dentro de esa línea.
Vistiendo la blanquirroja, entró a la cancha 64 veces, fue campeón de América en el 75, jugó dos mundiales, 78 y 82, como técnico quedó afuera del de Francia por diferencias de goles –entró Chile–, la mejor campaña de una selección peruana desde las eliminatorias del 81, cuando la integraba como jugador. Como jugador fue uno de los punteros mentirosos más verdaderos de la historia del fútbol peruano.


_Texto y fotos Sengo Pérez, desde Lima.



