El Gol de la Valija
Esta historia empieza un mes atrás. Camilo acepta la entrevista. Entrenamiento en el Complejo de Danubio, partidos de domingo, charlas en bares que muestran sobre la mesa capuchinos y sándwiches calientes. Viaje mediante de la selección a Omán y Arabia. Camilo apronta la valija. Esta vez la hace y no la tendrá que deshacer sin viajar. Ya le pasó una vez, es una historia casi para el olvido. Sucedió en 2012, cuando le había salido el pase al Groningen de Holanda. En el aeropuerto, antes de subirse al avión, sonó el celular. Del otro lado de la línea, el contratista le comunicó lo que jamás hubiese querido escuchar: “El pase se cayó”. Junto con eso, la alegría de la partida y un montón de expectativas.
Ahora sube al avión que vuela con el maestro Óscar Washington Tabárez. Aterriza en un país donde encuentra personas que cubren sus cuerpos de manera singular y donde más tarde saludará a Luis Suárez, quien será su compañero en la cancha cuando se pongan la celeste.
Camilo, que es de Villa San José en Empalme Sauce, en el kilómetro 26,500 del departamento de Canelones, vuelve a Montevideo, donde vive ahora, y se pone la de la franja. Muestra un montón de fotos que Elizabeth, su madre, nacida en San Bautista, Canelones, ha guardado durante algunos años con indicaciones al dorso: fecha, cuadro, generación. Una de ellas lo retrata en 1995, a sus cuatro años, jugando para el ahora extinto.
Buen Porvenir, y cuenta que su técnico –el Galleta– lo alzó a upa y él le cinchó de los pelos porque no lo puso de titular. Camilo quería juego, pasto, pelota.
Juan, su padre, que nació en Montevideo, es empleado desde hace 43 años del Mercado Modelo, y a pesar de que los horarios de la ronda “son complicados”, acompañó e incentivó la carrera futbolística tanto como Elizabeth. Camilo con 23 años es el tercero de cuatro hijos del matrimonio que lleva junto 32 años. Tatiana (28 años), Marcos (26 años) y Alenka (14 años) completan la familia.
Hubo muchos momentos inolvidables. Sin embargo, uno quedó marcado a fuego. Con una media chilena, le pegó de zurda a una pelota que explotó en campeonato. Mientras llegaba al piso luego de la pirueta, no pudo ver cómo ni dónde entró la pelota en aquella final del Uruguayo contra Wanderers en el Parque Central, pero con el resto de aire que quedaba –porque siempre le queda un resto– corrió a festejar. No había hecho goles en todo el campeonato, pero hizo “el” gol. El éxito del momento duró poco. El ruido del festejo se acalla y el silencio de otro comienzo se instala. El día que viajaba con la selección uruguaya, en el aeropuerto, antes de partir a Arabia, sonó el celular. Un dirigente de Danubio le contó que le darían el Premio Charrúa al mejor jugador y él decidió que fuera a buscarlo una persona de la directiva, “así el club queda representado”.
¿Cómo estuvo el viaje a Arabia Saudita y Omán con la selección uruguaya?
Estuvo buenísimo. La segunda convocatoria la disfrutás un poco más porque vas más relajado y estás más integrado al grupo. Ya me conocían más y estuvo la vuelta del Maestro al grupo, eso estuvo bueno y también que estuviera Luis [Suárez]. Lo vimos a la mañana siguiente y lo saludé porque ya lo conocía, me preguntó cómo estaba, como un compañero más. Con el Maestro nos saludamos, hablamos de cosas cotidianas, de la vida nomás, y estuvo muy lindo reencontrarlo.
¿Tuvieron oportunidad de visitar lugares y conocer la cultura?
Para visitar no nos dio el tiempo, pero en el espacio del hotel o mismo cuando íbamos al estadio te das cuenta de que es una cultura diferente.
Las mujeres están todo el tiempo con el… ¿turbante se le dice? [Se refiere al velo o burka que cubre casi totalmente el cuerpo de las mujeres]. Se meten a la playa con esa ropa y te choca. No pueden manejar ni ir al estadio a ver los partidos. Lo que vi es que los hombres tienen una pasión tremenda por Uruguay y estaban desesperados por tener una foto con Luis. Lo agobian bastante.
Viernes 5 de setiembre de 2014. Camilo debutó en la selección mayor contra Japón. Entró en el minuto 83 para sustituir a Martín Cáceres, y tres días después fue titular contra Corea, y a su vez fue sustituido al minuto 91 por el también sauceño Mathías Corujo. En la nueva tanda de amistosos, Camilo entró al minuto 85 por Egidio Arévalo Ríos en el partido contra Arabia Saudita, y en el minuto 78 por Diego Rolán contra Omán. Desde el aeropuerto, antes de partir hacia Uruguay, comentó que la experiencia había sido
“espectacular”.
¿Cómo te sentiste en la selección mayor?
Fui como aficionado a ver el partido con Colombia de la selección en el Mundial de Brasil. Fue una experiencia bárbara. Lo vi como hincha. Lo disfruté de otra manera porque como hincha estás pendiente de lo que hacen los demás y como jugador estás pendiente de resolver para darle una alegría al resto. Ahí te das cuenta que es muy difícil sentir lo mismo afuera y adentro. El que no lo vivió no lo sabe. Ahora estaba ahí, compartiendo el grupo con los del Mundial, y está buenísimo. Yo había tenido la suerte de conocer a parte del plantel y estuve con ellos.
¿Ya sabías que ibas a jugar contra Arabia y Omán?
No sabía. Había estado en el momento en que se habló de la estrategia del juego y quién iba a jugar. Me tocó entrar las dos veces y aproveché las oportunidades, se re disfruta. Es lindo cuando te llaman y te dicen que tenés que entrar. Te quedás re contento y tratás de estar tranquilo para hacer lo que sabés; no tenés que inventar nada raro ni salirte del libreto. En los otros partidos jugué menos minutos y tuve menos oportunidad de demostrar, pero cuando me tocó entrar, traté de jugar la pelota seguro, es la manera de soltarte de a poquito.
¿Se evalúan entre los jugadores?
Nos dan indicaciones los más grandes a los más jóvenes. Alguna idea de lo que pretende el Maestro, lo que pretende el equipo como juego, y te dan indicaciones para que puedas llevarlo a cabo en la cancha y sentirte mejor.
Comparando con el fútbol local, ¿se nota alguna diferencia dentro de la cancha?
Sí, se nota la diferencia. El ritmo te lo marca el rival y en la selección están los mejores jugadores; eso te favorece porque te hace las cosas más fáciles. Te exige estar al máximo de tus condiciones, tenés que rendir. Por algo a uno lo llevaron. Nada viene de regalo, es mucho más lindo y disfrutable estar con esos jugadores en la cancha.
Se expresa en forma clara y pausada. Se toma tiempo para responder cada pregunta. Prejuicio mediante, Camilo no parece futbolista. No tiene tatuajes, no usa caravanas, no usa ropa deportiva en ámbitos extrafútbol.
En varias ocasiones recuerda que de su generación, la de 1991, sólo él llegó a jugar en la selección uruguaya, posibilidad que le brindó distintas experiencias de juego y viajes al exterior.
Tenemos un prejuicio. ¿Existe un look futbolista?
No sé cómo describirlo, pero existe sí. Te das cuenta cuando uno está vestido de futbolista. Se ponen medio a la moda, se ponen de acuerdo y parece que se vistieran todos parecidos. El corte de pelo también. Veo a uno que no conozco y digo “¡Pah! este tiene pinta de jugador de fútbol”.
¿Te sentís diferente?
No evalúo, ni mejor ni peor, cada uno tiene su estilo. No tengo el perfil del futbolista en multitud. Me siento distinto en el perfil, creo que soy bastante perfil bajo, no me gustan las redes sociales y esas cosas.
¿Qué pensás del fútbol femenino?
La verdad es que no estoy muy enterado, pero una vez jugué un partido contra una selección uruguaya de fútbol femenino sub 17, yo estaba en Danubio en una sub 16, y nos dijeron que no jugáramos fuerte. En ese partido ganamos. Jugaban bien. Es más, hay excelentes jugadoras. Les ves la condición física, que sería la diferencia entre el hombre y la mujer. Ves jugadoras rapidísimas que hacen regates. Espectacular. Y no es que parece un hombre, sino ¿por qué una mujer no va a poder jugar?
Estoy a favor y lo apoyo pero no se le da la repercusión que se le da al de hombres. Pero eso creo que lo genera el público. Creo que es algo que mueve más pasión, será…
Y plata…
Y plata.
¿Cómo te llevás con que los futbolistas tengan un precio de venta?
Es raro, pero uno está al margen de eso. Es bueno saber que si uno está en buen nivel puede llegar a valer más. No tengo idea cuál puede ser mi precio de mercado, porque estoy afuera de las negociaciones. Estar en la selección puede darte puntos a favor y aumentar la cotización un poco más, pero realmente no te podría decir lo que pienso que valgo porque no tengo idea.
El día que se haga mi pase me enteraré de la cifra. Pero ese día, tal vez alguno evalúe que es elevada y para otro puede ser baja. No sabés cuál es el valor del mercado. ¿Quién te pone ese valor? Es el mercado.



¿Cómo es tu relación con tu representante?
Desde chico tengo el mismo representante. Alexis Papasan y Gustavo Silva. En sexta división conocí a Alexis, él trabajaba con otra gente y me quedé con él porque tuve mayor relación. Se asoció con Silva y estamos juntos desde entonces. Nunca tuve la necesidad de cambiar, siempre fue todo de palabra, pero la palabra vale más que nada. Por más que haya venido cierta gente en su momento a ofrecerme algunas cosas, siempre fui leal y estoy esperando que se dé la oportunidad del pase. Tengo una excelente relación. Es su negocio y no tengo duda de que están poniendo todo su empeño para que me vaya bien. Tengo confianza, me consultan y me tienen al tanto. Me parece que tiene que ser así y no puede ser que te manejen sin consultarte tu decisión.
¿Cuándo supiste que te ibas a dedicar al fútbol?
Nunca supe que me iba a dedicar a esto. El primer recuerdo es la práctica de la escuelita. Pila de niños, pasaron tantos y yo tuve la suerte de haber seguido, seguido, seguido… Hoy me pongo a pensar en mi generación y somos dos o tres los que seguimos. Me acuerdo de que quería ser bombero. Cosas de gurí.
Me gustaban los camiones de bomberos. Nunca tuve claro qué quería hacer. Seguía estudiando y jugando al fútbol. Nunca lo tomé como para ser un profesional. Lo tomé con seriedad y era constante. Sabía que era un camino largo pero no sabía qué me esperaba.
¿Te parece importante que un jugador siga estudiando?
Sí, es muy valioso. Por ejemplo, el estudio del inglés. Cuando viajás tenés que comunicarte. Más allá del jugador de fútbol hay una persona. No te digo que tengas que ser ingeniero o economista, pero algo de estudio te da conocimiento y podés llegar a ser una persona más capacitada para enfrentar cierto tipo de situaciones.
Hice hasta quinto año de liceo y tengo esa sensación de que tendría que terminar. Me quedó ese debe, creo que no es tarde. Me lo planteo, pero lo he dejado postergado porque capaz que me voy.
Viernes 26 de setiembre, Complejo Danubio Fútbol Club. La hora de llegada está pactada para las 9-9.30, ese el mensaje que persiste en todos los jugadores a los que se les pregunta por la hora de comienzo. Hay media hora stand by hasta el inicio efectivo del entrenamiento. Cada uno la entiende a su manera. Camilo llega a las 9 porque primero hace ejercicios en el gimnasio.
Al finalizar la práctica, sale de la cancha. Se toca la pierna izquierda, por detrás. Le preguntamos si le duele. “Un poco. Siempre me duele. Tengo el posterior acortado y eso hace que cada vez que termine un ejercicio me duela”. Se declara demorón para bañarse y armar el bolso, así que ante la advertencia, acordamos un nuevo encuentro.
Este plantel que salió campeón uruguayo es un mojón importante para Danubio…
Si vos mirás a Danubio en los últimos diez años, salió cuatro veces campeón. Se ha puesto un listón medio alto. Capaz que el hincha se puso a mirar eso y ahora que estamos en un mal momento por ahí se pone medio especial. Es algo hazañoso y lo tenemos presente. En la historia de Danubio, que con 82 años tiene cuatro títulos uruguayos, estar en el plantel campeón no es para nada menor. Son cosas que quedarán para el recuerdo.
¿Y el gol de la final? ¿Cómo tomaste la decisión de pegarle así?
A mí la media chilena me sale de zurda nomás, y yo soy derecho. Me siento más cómodo para hacerla de zurda. Justo en ese momento picó y me quedó así. Sentí que era la opción. Son decisiones en milésimas de segundos. Fue una jugada en la que yo arranqué, toqué una pared para Faber, no me devolvió, pateó al arco y rebotó en la espalda de un compañero nuestro, creo que Cotugno, él queda tirado en el piso y le queda a Pastorini, que despeja mal de cabeza. Me queda a mí, con un perfil no muy cómodo. Me viene a presionar Santiago Martínez y yo trato de aguantarlo como un 9, que no es lo mío. Me quedó picando ahí y dije: “¡Pah! Le tiro una chilena”.
No llegaste a ver el gol.
Claro, yo quedé de espalda. Caí al piso, miré y la vi entrar y salí a correr con el resto que me quedaba.
Vos corrías en los minutos finales como si nada…
Más allá de la capacidad física, creo que jugaba lo motivacional y el amor propio. Quizás estaba cansado como el resto, pero sacaba fuerzas de adentro por lo que se estaba viviendo. Uno nunca sabe si lo va a volver a vivir. Estaba jugando una final del Campeonato Uruguayo con Danubio. Después te ponés a pensar el año que viviste, todas las cosas buenas y malas que pasaste. Es la final. Todos le pusimos el mayor empeño y me salió un plus.
¿Ese “ser campeón” es efímero?
Lamentablemente es así. Ya fue. Pero cuando hablan de Danubio tienen que decir que es el campeón uruguayo. Si pierde, es un notición. Ta. Ese orgullo te queda. Sabés que esto es así, pero la moraleja es que creo que tendría que haberlo disfrutado un poco más. Si bien fue tremendo orgullo, siento que tenía que haber celebrado más porque es un año de sacrificio y trabajo, pero cuando empieza el campeonato que sigue, el resto queda atrás.
¿Cómo fue tu debut en primera?
Me acuerdo que era la primera vez que iba convocado al plantel, la primera vez que me tocó ir al banco y justo me tocó entrar. Fue en la mañana del 4 de octubre de 2009 en Jardines del Hipódromo. El partido fue con Cerro y estaba muy disputado. Nadie te va a regalar nada en un momento de esos. Si tenés que entrar es porque el técnico te necesita. Me tocó entrar cuando el partido iba 3-0 y terminamos ganando 4-2. Me tocó entrar por [Hamilton] Ricard y el técnico era [Jorge] Giordano. Justo iba a entrar por Ribair Rodríguez que tenía amarilla y cuando estoy por entrar, Ricard levanta el brazo y dije: “¡Fa, se me cae el cambio, me quiero matar!”. Miro al técnico y me dice: “Ya que estamos, entrá vos por él”.
Suena un reguetón lento, con fondo de dub. El sonido ambienta la previa de la práctica en el Complejo. Luego, algunos jugadores señalarán como disc jockey a Ignacio González. ¿Le dan el crédito o le echan la culpa? Se escucha la voz de Denis Elías. Camilo se desmarca, esa no es la música que le gusta, aunque dentro de su valija musical hay “de todo”. “Alguna cumbia también”.
¿Cómo viviste el campeonato (Apertura 2012) en que Danubio terminó solamente con nueve puntos?
Era un momento complicado. A veces hablamos con Salvador [Ichazo] del tema. Y le digo que ahora nos preocupamos por esta mini racha de perder y mañana volvemos a la victoria, pero pensar que estuvimos un campeonato entero sin ganar y soportamos, entrenamos y estábamos bien de la cabeza, aunque muy bien no estábamos. Esto es muy emocional y de repente, después, de un día para el otro salís campeón. El jugador de fútbol no se olvida de jugar al fútbol, pero la parte emocional es muy importante, por ahí estábamos afectados y un poco reprimidos emocionalmente por todo lo que pasaba.
Es muy interesante lo que mencionás: la parte emocional es muy relevante.
Me ha costado mucho. Lo reconozco. No quiero echar a perder lo bueno que he hecho en los últimos años por un partido. Eso me sirvió para demostrar que si me concentro y confío en mis virtudes al cien por ciento, puedo ser un jugador importante e interesante para el equipo. Me planteo eso ahora.
Desde hace tiempo, en algunos medios se informa sobre un posible pase tuyo al exterior…
Eso viene desde hace mucho tiempo. En 2012 estuve por irme al Groningen de Holanda. Estaba en el aeropuerto en enero y se cayó. Estaba con la valija y todo. Y ta, de ahí en más me dijeron del Cagliari a mediados de año y tampoco. Tuve un bajón en lo futbolístico. Fue en la época de [Juan Ramón] Carrasco, cuando el club no anduvo y bueno… Después empecé a levantar el nivel y se empezó a cristalizar que podía salir algo. Ahora salió que me iba fuerte, fuerte. Son tantos años de ilusiones que es difícil.
Miércoles 22 de octubre. Bar Andorra. La presencia del grabador no lo perturba. Lo conoce, lo acepta, lo incluye. Sabe también que existe el off the record. Es más, al finalizar alguna de las charlas consulta si el material que ha brindado es suficiente para la nota. Incluso agrega chistes sobre la cantidad de preguntas y encuentros que fueron acordados. “Debería ser la nota del año”, bromeó. No esperaba tantas preguntas y no preveía tantas respuestas. No hubo chances de adelantarse a la jugada.
¿Qué tan vinculado estás a la política y cómo te sentís en relación con este fenómeno de las elecciones en el país?
Me siento ajeno, o muy ajeno, porque no soy partidario de ninguna idea, pero sé que es importante porque define el futuro del país. Si me preguntás ahora cuáles son las ideas que tienen los candidatos, me agarrás mal parado. Es algo que viene desde mi casa, porque no me incentivaron el tema político, pero no tengo rechazo. Es bueno que tengamos la posibilidad de votar.
¿Cómo te llevás con los medios?
Soy abierto a responder y hablar con los periodistas. Nunca me sentí agobiado. Todo tiene su límite, si mañana uno tiene más repercusión y te buscan para hablar muchos medios es más complicado, me parece que no podés salir a hablar en todos los medios todos los días.
En algunos medios se emiten juicios descalificativos hacia algunos equipos o jugadores. ¿Cómo te llevás con eso?
A veces te llegan comentarios. Y nada, yo qué sé… El periodista tiene la libertad de decir lo que se le canta, porque estudió para eso y supuestamente sabe de lo que está hablando o, por lo menos esa sería la idea. No es lindo que hablen mal de uno, pero hay que estar abierto.
Ahora, lo que sí es injusto es cuando se es tan duro. Yo no voy a salir a hablar mal de un periodista públicamente, decir por ejemplo: “¡Qué mal analiza el partido este!”. Después capaz que en el comedor de casa se lo decís a tus padres, pero eso no se dice públicamente.
La hinchada de Danubio tiene un paladar especial, además.
Son exigentes. A los juveniles se los respeta bastante. Luego de varios partidos como estos empezás a escuchar un murmullo, ya no te dan para adelante. Costó ganarme la confianza de la gente de Danubio, me he ganado el respeto pero, a la vez, ahora que nos tocó una racha de ir perdiendo, la gente parece olvidarse de todo. Es así. Ahora me toca perder. La verdad, lo que me interesa es que mi familia esté contenta y muy poco más el resto.
Muchas veces hay insultos, ¿los bancás o tenés la capacidad de no escucharlos?
Con el tiempo te vas adaptando. Cuando sos más joven pasás de jugar en juveniles, con tu familia en las tribunas, gente conocida que nunca te va a gritar un disparate, a caer en una cancha con otra gente, te pueden putear y al principio eso te cuesta un poco. Hay que ir trabajándolo de a poco y con el tiempo no le das importancia, porque si perdés el foco por una persona que te habla de afuera…
A vos te pasó que le hablaste desde adentro de la cancha a alguien que estaba en la tribuna.
Sí, fue algo con lo que me calenté nomás… No voy a decir que estuve mal. Era un gurí. Me molestó que fuera con saña, porque el club no estaba mal. Estábamos empatando un partido con Rentistas y un hincha de Danubio se puso a gritar como loco. Le sacaba mérito al rival. Todos los rivales son difíciles, nadie te regala nada.
Martes 30 de setiembre. 18 horas. Un bar en Avenida Brasil, en Pocitos. Camilo se disculpa porque retrasará la llegada a la entrevista. Su mensaje dice que está viendo por televisión
el partido entre Barcelona y PSG. Aun así, llega antes. Se muestra dispuesto a ser atorado a preguntas. Sonríe, saluda a los mozos. Pide capuchino y sándwich caliente. Sólo interrumpirá la charla la luz del celular que indica que un mensaje ha llegado. Levanta el teléfono de la mesa y pide disculpas. Va a contestarlo ahora. Otra vez sonríe. ¿Qué sueña, qué quiere, qué siente? ¿Qué dice Camilo cuando no dice?
¿Tenés pareja, Camilo?
Ahora no. Ahora sí. [Duda] Estoy iniciando algo. Estuve cuatro años de novio y terminé en diciembre del año pasado. Ahora estoy de novio. Tuvimos un conflicto en el medio y eso me hizo perder foco. Es difícil hacer todo.
Si te fueras al exterior, ¿tu novia se iría contigo?
Recién estoy empezando. Sí me gustaría tener una persona que me acompañe, pero
sé que la profesión del futbolista es egoísta, porque esa persona puede tener sus aspiraciones personales: estudio, trabajo. Ella es recibida, es contadora, tiene su trabajo… No pretendo que deje todo por mí, porque la quiero y me imagino todo lo mejor por delante, pero no pretendo que deje todo por uno, porque no sabés. Es difícil la decisión. Estamos empezando. La relación a distancia es difícil.
Pensando sobre el final de tu carrera, ¿sería tu idea volver a Danubio?
Yo sé que voy a volver a jugar a Danubio, pero no me hago rehén de mis propias palabras, porque esto es un trabajo y no sabés qué circunstancias vas a tener o qué vas a precisar. Hoy estoy abierto a lo que dispare el futuro. Sí te puedo decir que ahora, inmediatamente, no jugaría en un club grande porque tengo el deseo de salir al exterior pero… Sería lindo terminar mi carrera en Danubio.
¿Cuáles son tus sueños?
Crecer deportivamente. Que me salga
el pase, porque es algo que se me volvió muy esquivo. Ojalá se cumpla. Lo de la selección ya se me dio, y quiero que siga. Son esas cosas que parece que no van a pasar nunca. Estoy esperando que llegue. Tener una carrera exitosa, una trayectoria, retirarme orgulloso de mi carrera y de lo que hice, formar una familia y tener tiempo de disfrutarla.
Técnicos
“En juveniles de Danubio me acuerdo de Gerardo Rodríguez, por toda la confianza que me dio. Me destacaba virtudes para que yo ganara confianza. Fue el que más me marcó. En mayores, por la confianza que me dio y lo que puso en mí, Leo Ramos fue un técnico que me ayudó para lograr el despegue que necesitaba. Tuve la posibilidad de tener a excelentes técnicos como Gustavo Matosas, Sergio Markarián, Eduar-do Acevedo, Daniel Sánchez, Jorge Giordano, Juan Ramón Carrasco. En la selección tuve a Diego Aguirre, luego a Juan Verzeri y por último al maestro Tabárez, que está por encima, despegado. Le tengo demasiado respeto, lo tengo en un escalón por encima de todos”, dice Camilo.
Leonardo Ramos
“Antes de llegar al club a trabajar hace dos años, habíamos venido con Progreso a jugar como ocho veces. Ya vi cosas interesantes de Camilo. Es bastante tímido en el trato con la gente. Por momentos, demasiado retraído como jugador. Quisimos fortificar lo que es, que es un gran jugador. De hecho, cuando vine siempre le comentaba que tenía que convencerse de lo gran jugador que era. Salió mejor jugador del campeonato, tiene una posibilidad de irse al exterior y para nosotros fue el jugador emblema de nuestro periplo en el club. Era un jugador muy resistido por la hinchada, y terminó siendo un ídolo. Antes que viniéramos nosotros, había jugadores marcados por un campeonato en el que se hicieron nueve puntos. Era el caso de él, de Salvador Ichazo, y otros más, todos jugadores de Danubio. Ellos pusieron el hombro en momentos malos del club y se hicieron cargo de cosas que no debían.
Hoy Cami no es el mismo jugador que en el torneo pasado. Allí sobresalió totalmente y hoy está a la par del resto de los jugadores, pero sigue siendo más que el resto. Tiene que ver con este ida y vuelta constante de que se va y se queda. Es un tipo muy de familia, que está conteniéndolo, pero se bajonea rápido. Es un gran tema, por el cual no ha desplegado en este torneo su potencial, que lo llevó a estar en la selección. Esta citación a la selección tapa un poco el tema de la posible venta”. Leonardo Ramos, Director Técnico de Danubio desde el Campeonato Clausura 2012-2013.
Elizabeth, la mamá
“Creo que su historia es un proceso. Me acuerdo que a las tres de la tarde pasaba el ómnibus de la escuelita de Danubio y él tenía 40 minutos de viaje primero hasta tomarlo. Iba al Complejo de Danubio y se bajaba en la Curva [de Maroñas]. Un amigo nuestro lo pasaba a buscar y se lo llevaba hasta la parada del ómnibus otra vez y me lo acompañaba, porque mi esposo trabajaba de noche y yo tenía la bebé chiquita. Supe que iba a ser futbolista desde niño. Nunca dejamos de considerar la educación y todo lo que implica educar a un hijo en este mundo tan vertiginoso donde hay que cuidarlos, contenerlos, apo-yarlos, saber cómo está ubicado como persona. Yo lo veía diferente a otros. Sus piernitas eran cortitas y era muy menudito pero hacía cosas que otros no. Se destacaba. Tengo una familia muy futbolera, por mi parte y por parte de mi esposo. En casa de mis padres, en San Bautista, se vivía siempre el fútbol. Juan Pedro Mayada, el papá de Juan, el abuelo de Camilo, jugó en Miramar. Y el tío, Ramón Mayada, hermano del padre de Camilo, jugó en Bella Vista. Así que imaginate, una familia muy futbolera. Ahora, nosotros vamos a ver a Camilo a todos los partidos que podemos. Si se va del país lo vamos a seguir apoyando. A veces charlamos más seguido cuando está lejos. Espere-mos que le toque irse, merecido lo tiene, ¿no?
Cuando viajó con la selección, no sabíamos que iba a recibir un pre-mio como mejor jugador. Cuando salgo al portón a esperar a mi espo-so me dice: ‘Tengo una cosa para decirte’. Y yo no lo sabía. Lo habían parado a la entrada del barrio y todos los vecinos ya lo sabían. Me puse muy contenta. La gente es muy solidaria con nosotros en el barrio. A veces digo que esto es como un reality. [Se ríe] No me afecta cuando escucho cosas malas en los medios. A veces, como uno co-noce a los jugadores, le molesta que se prejuzgue sin saber. Cami es ubicado, muy centrado, perfil bajo. Ahora estamos tranqui, maduran-do día a día, tomando las cosas desde otro lugar. Pero no toda la vida son éxitos. No siempre van a ser campeones”.
Data
Vistiendo la celeste, debutó en el Sudameri-cano Sub 20 2011 en Perú contra Argentina, como titular. En ese campeonato, jugó todos los minutos de todos los partidos, y convirtió un gol. En el Mundial posterior de la catego-ría, en Colombia, jugó los tres partidos como titular: acumuló 217 minutos de juego.
En la selección mayor debutó frente a Japón el 5 de setiembre de 2014, entrando a los 83 minutos. En la misma Fecha Fifa fue titular frente a Corea, cuando jugó hasta el minuto 92. También participó de la última gira amis-tosa, ingresando a los 85 minutos contra Arabia Saudita y a los 77 contra Omán, por lo que acumuló 117 minutos con la Celeste de los grandes.
_Patricia Pujol
_Marcelo Fernández Pavlovich





