Alfredo Arias: La Apuesta por una idea.

Méritos y merecimientos

Con la convicción de que lo merecido es más importante que lo conseguido, el técnico de Wanderers nunca renunció a su estilo de juego a pesar de los malos resultados de sus inicios, y tras hacer historia con el equipo bohemio logró revertir el “vende humo” por “vende fútbol”.

En esta entrevista con TÚNEL, Alfredo Arias desarrolla conceptos tácticos y estratégicos sobre su filosofía de juego, analiza la identidad del fútbol uruguayo y señala el punto de inflexión que provocó “que una tribuna llegue a pedir más huevo en vez de más juego”.

El mejor entrenador del fútbol uruguayo en la temporada 2013-2014, según lo consagró la prensa a través de la encuesta Fútbol x 100 del diario El Observador, se formó como futbolista en las juveniles de Nacional, pasó por Peñarol y jugó en equipos de España, México y Chile. Pero fue en Wanderers donde jugó más tiempo, con tres pasajes por el club, incluyendo su participación en la Copa Libertadores de 1983. A los 30 años se retiró del fútbol “ya que por un tema contractual con el equipo Tampico Madero de México, tendría que estar dos años sin poder jugar”, según consigna la página oficial del club bohemio.

Durante veinte años estuvo al frente de una pizzería –“no tan linda” como en la que nos encontramos para hacer la entrevista– hasta que en 2008 decidió hacer el curso de entrenador en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Dirigió al Montevideo Cricket Club de la Liga Universitaria y en 2010 pasó a dirigir las juveniles de Wanderers, hasta que a finales de 2011, tras la partida de Daniel Carreño a Palestino de Chile, asumió la dirección técnica del primer equipo, con el cual se consagró campeón del torneo Clausura 2014. Tiene contrato hasta el 31 de diciembre pero adelantó que la directiva le ofreció firmar por cinco años más, y su intención es aceptar.

Inspirado por el modelo de juego de Pep Guardiola y tras dirigir el primer semestre en primera le pidió a Víctor Hugo Mesa, dirigente de Wanderers, ir a ver a La Masía

–las inferiores del Barcelona– para ver cómo entrenaban. Era imposible: los entrenamientos se hacen a puertas cerradas y lo que dejan ver es muy poco. “Pero justo coincidió que [Recreativo] Huelva había contratado a Sergi Barjuan –ex jugador del Barcelona y de la selección española– que trabajó junto con Guardiola cuando ambos dirigían en formativas. Y Mesa tenía injerencia ahí y me pudo dar la oportunidad de ir. Estuve 35 días”, recuerda.

¿Volviste con una concepción distinta del juego?

No. Volví con la misma idea. Pero lo que me interesaba era saber cómo entrenaban ese concepto, esa idea de fútbol que plasmaban los domingos.

Allá reafirmé que aunque no todo lo que estábamos haciendo estaba bien, había muchísimo que sí. Pero me permitió darle un orden metodológico. Pude ver cómo se hacía y preguntar por qué esto y lo otro. A la vuelta tratamos de plasmar eso con el cuerpo técnico; con las ideas propias que uno siempre tiene, pero con esa base. Porque acá tenés que adaptarlo. No podés tratar de aplicar exactamente el mismo modelo europeo porque no funciona. Somos muy sui generis porque las carencias son grandes: de infraestructura, de apoyo logístico y de apoyo de lo mínimo y básico que se necesita para entrenar. Entonces eso ya te limita.

¿Cómo inciden esas condiciones de entrenamiento a la hora de intentar jugar al ras del suelo? Jugar en un mal campo de juego, ¿afecta las decisiones tácticas de los jugadores?

Es una de las batalla que he tenido que dar. Las canchas han mejorado enormemente. Y aunque cada día mejoran más, aún te vas a enfrentar a canchas malas en este medio. Pero la idea de juego la tenés que mantener igual. Ojo: pido el mejor campo para jugar, pero si no lo tengo no cambio para nada la idea. Nos costará un toque más o dos. No iremos tan rápido, ni seremos tan intensos. Pero la idea de juego tiene que ser la misma.

¿Se debe jugar de la misma manera en las formativas que en el primer equipo, para que el jugador se adapte más fácil al ascenso? ¿O es mejor que el jugador pase por distintos estilos para que tenga mayor adaptabilidad?

Creo que la idea de juego que elegís es incambiada. Es una sola. Una vez que elegiste ese estilo, podés aplicar –hasta en un mismo partido– diferentes sistemas, tácticas y estrategias. Tenés que cambiar porque si no te hacés muy previsible y saben cómo jugarte. Pero lo que no puede cambiar es la idea, porque sobre esa idea entrenás: jugar a ras del piso, saliendo tocando desde atrás, sin saltear líneas. Después tenés que elegir la metodología de entrenamiento para que eso se pueda practicar y repetir la mayor cantidad de veces posible, desde el lunes al día del partido.

El jugador tiene que conocer todos los sistemas porque de repente en un partido te expulsan a un jugador, o el rival en vez de jugar con un punta te juega con dos o con tres, o te juegan con una línea de cinco… A raíz de todo eso, podés ir cambiando el sistema, pero no el estilo de juego. Podés jugar con tres zagueros y dos carrileros volantes o con una línea de cuatro, pero en los dos sistemas vas a pedir que salgan jugando. Lo mismo con los delanteros: podés jugar con dos por adentro, o con dos por afuera y uno por adentro, pero le vas a decir que bajen a recepcionar, se junten con sus compañeros y avancen tocando.

Las tácticas también pueden ser diferentes: puedo presionar al rival o esperarlo en mi cancha. Y las estrategias pueden ser distintas: podés elegir tirar los córners al primer palo o al segundo, dependiendo de la altura de los defensores rivales. O elegir jugarlos por abajo. Pero el estilo de juego, la idea de juego, no cambia.

En ese sentido, en el partido contra Peñarol, algunos periodistas comentaron que ganaste renunciando a tu estilo, por poner línea de cinco y una marca sobre Antonio Pacheco.

No renuncié al estilo. Cambié el sistema porque pusieron a [Juan Manuel] Olivera y a [Marcelo] Zalayeta para cabecear. Entonces yo puse uno más para que hubiera dos que fueran sobre ellos y sobrara uno. Puse a un lateral a marcar a [Fabián] Estoyanoff porque el tipo me desbordaba. Y puse al más veloz mío a marcar a Pacheco por su importancia y porque cada vez que le robaba la pelota se podía escapar rápido y Pacheco no iba a poder seguirlo. De hecho, a [Leandro] Paiva le hicieron tres fouls hasta que en la tercera le mostraron amarilla a [Damián] Macaluso. Cambié la táctica y el sistema pero el estilo no: yo seguía buscando meter un gol.

TOCO Y ME VOY

¿Qué rol cumple la pelota en el entrenamiento de esta idea de juego?

Para cualquier filosofía de juego, e incluso para la táctica, es importante la pelota. Es la esencia del juego. Siempre la respeto. Tanto para la elección del estilo como de la táctica y de la estrategia, la pelota siempre tiene que estar presente.

Aclaro que respeto a quienes le dan la pelota al rival o que plantean su estilo de juego y su táctica y estrategia a tenerla menos. Los respeto porque así se han ganado campeonatos y se ganan partidos. No lo comparto porque creo que es ir contra la naturaleza del fútbol, contra su esencia. Porque –repito– la esencia del juego es la pelota. Todos queremos tenerla.

Con nuestro cuerpo técnico hemos comprobado que los entrenamientos se hacen mucho más llevaderos a través de la pelota. La misma carga, o a veces hasta más carga física, si se trabaja a través de la pelota, no lastima, no estresa y no cansa. Nos ha dado mucho resultado.

¿Cualquier jugador se puede adaptar a este estilo de juego o se debe buscar cierto perfil?

No hemos elegido perfil de jugadores. A veces yo escucho que dicen: “Tal equipo juega bien porque tiene buen pie y nosotros no lo podemos hacer porque mis jugadores no tienen buen pie”.

El Barcelona ahora tiene jugadores de buen pie, pero no siempre fue así. Nosotros no tuvimos la posibilidad de elegir a los jugadores con un perfil de “buen pie” o de “inteligente” o de “técnico”. Hemos entrenado con los jugadores que hemos tenido a través de las temporadas, y nos sentimos más cómodos así que saliendo a buscar, porque no tengo muy claro –sinceramente– qué perfil tengo que buscar.

Si pudiera elegir uno diría: “Uno que venga con la cabeza abierta y con todas las ganas de jugar. De correr cuando no tiene la pelota y de jugar cuando la tiene. Uno que siempre se muestre como opción de pase y que siempre intenté recuperar rápido la pelota cuando no la tenemos”. Ese es el perfil que yo buscaría, pero no he tenido la oportunidad de buscarlos e igual hemos conseguido con estos jugadores, que capaz que no se acercan a ese perfil, muy buenos valores en nuestro esquema de juego.

¿Estudiás al equipo adversario o te enfocás más en tu propuesta sin pensar en el rival?

El rival no puede cambiar tu estilo o tu idea de juego. Pero es importante estudiarlo para saber sus fortalezas y sus debilidades, porque no a todos los rivales podés salirle a jugar de la misma manera.

Sí con la misma idea de salir siempre jugando –por ejemplo–, pero si el rival te plantea una presión sobre ellos no podés salir jugando con los zagueros, aunque sí con los laterales.

También tenés que ver al rival en la estrategia. Las estrategias para mí son las pelotas quietas: por dónde te ataca, si hace jugadas, quién le pega. Todo eso involucra un estudio y cuanto más sepas del rival, mejor. Lo mismo pasa en el mundo y en la vida: cuanta más información manejes, mejor.

¿Cuánto tiempo toma que el jugador –o el equipo– se adapte a tu idea de juego?

En esta idea de juego que tengo, que se basa en la tenencia de la pelota, juega a nuestro favor el gusto del jugador por la pelota e inmediatamente el jugador quiere jugar así. Inmediatamente. También sé que si en otro momento me planteo otro estilo de juego más directo, con pases más verticales, con llegadas más veloces, con pocas transiciones y saltándome las líneas, el jugador también va a aceptarlo. Pero creo que por el gusto del jugador le cuesta más esta última idea.

Entonces, por más que mi idea de juego necesite buenos fundamentos, como el control y el pase en reiteración constante, y que el jugador a veces se fastidie porque le insistas con el “borde interno; de primera; no giro”, lo acepta porque le gusta la pelota. Quizás lo otro lo hace más fácil. Si le decís: “pegale y andá a peinar, y vamos a pelear esa segunda pelota” –que es válido y me ganan muchísimo de esa manera–,el jugador lo va a aceptar, lo va a hacer, pero no le gusta tanto.

GARRA Y CALIDAD

Existe la creencia de que la identidad del fútbol uruguayo está asociada al juego directo y de contragolpe. ¿Es así?

Es parte de nuestra identidad porque así la hemos repetido año tras año y generación tras generación. Pero eso no quiere decir que está en nuestros genes, ni que tiene que ser para toda la vida.

El juego directo tuvo su efectividad en su momento y ahora sufrimos por ese juego. Es decir, cuando tenemos que protagonizar los partidos o jugar de locales nunca tenemos el control del partido, y por el contrario los rivales sí, porque nos falta tenencia de pelota.

Con esta identidad de juego a Uruguay le vendría bien jugar siempre de visitante. De hecho en las eliminatorias y en partidos por copas internacionales se han ganado clasificaciones como visita y no de local. Eso tiene algo que ver con el análisis del juego y con la identidad: nos cuesta ir al ataque, nos cuesta tener la pelota y saber qué hacer con ella cuando el rival se nos mete atrás. Por el contrario, nos viene bárbaro que nos ataquen y jugar de contragolpe y directo. Pero cuando necesitás los tres puntos de local y el otro equipo se te mete atrás, no le podés cambiar la localía: tenés que jugar. Eso es lo que creo que nos está costando y que tiene que cambiar en nuestro fútbol.

Pero la identidad no es para etiquetar ni para polarizar. La identidad, en todos los sentidos, tiene una gama de colores, de gustos, de variables. No está ligada al juego directo o a la tenencia de la pelota. Uruguay y el fútbol uruguayo si tienen una identidad ha sido siempre la del sacrificio y la de ser siempre punto y no banca. Eso sí es una identidad.

Los campeones del cincuenta jugaban muy bien. Algunos de ellos me dijeron –con la humildad que tenían–: “Mirá que si bien es cierto que ese partido lo deberíamos haber perdido por las condicionantes del estadio, la hinchada, etcétera, en la cancha le habíamos ganado a ese mismo equipo unos meses atrás. Teníamos flor de equipo”. El equipo de Peñarol del 66 jugaba muy bien y el de Nacional del ‘71 también tenía muy buenos jugadores.

Cuando me dicen que la identidad del fútbol uruguayo es el juego directo y el contragolpe, les contesto que he visto equipos uruguayos que han jugado de todas las maneras. Y hablo de estos equipos porque muchas veces se habla de la identidad como algo que viene desde el pasado y nos corre por las venas.

Hoy el juego ha mutado y evolucionado para bien. Las reglas del juego han hecho, con el fair play y el espectáculo masivo en que se ha convertido el fútbol mediante la televisación, que se respete sobremanera el juego limpio. En cambio, cuando hice formativas en Nacional, se practicaba el tranque para el pique. Hoy en la suelta neutral –como le dicen ahora– uno le cede el balón al rival por caballerosidad. En aquel entonces era capitán el que trancaba más fuerte, y nadie le iba a dar el pique ganado al otro porque era como un gol. Ese sentimiento o regla no escrita condicionaba el juego: tenías que ser más peleador, más luchador, más “vivo”.

Hoy aún hay gente que reclama esa viveza y picardía en los jugadores.

Pero ahora hay reglas escritas y explícitas. No podés hacer un gol con trampa, ni usar la trampa para ganar, porque si se sabe sos castigado. Eso lleva a que plantees otro tipo de juego también, porque no podés ir a un juego de lucha y roce constante cuando te limita la regla.

La regla te lleva a que vos intentes jugar más colectivamente y sin roces.

Sin embargo la selección uruguaya hace décadas que no ha logrado cambiar su estilo de juego por uno que tenga más tenencia de pelota, ¿a qué se debe?

Hubo un cambio en nuestra mentalidad a partir del partido contra Holanda en el 74. Lo viví: Yo estaba haciendo formativas en Nacional y ese día volvimos a entrenar y fue como decir: “¿Qué pasó acá?, ¿De qué nos perdimos?”. Holanda nos pasó por arriba.

Pero el análisis en nuestro país se enfocó en que corrían más que nosotros y por eso nos habían pasado por arriba físicamente. Es cierto que nos pasó por arriba físicamente, pero fundamentalmente futbolísticamente.

En esa selección holandesa están las raíces de lo que ahora ves en el Barcelona en España, o en los equipos con mucha tenencia como el Manchester City o el Bayern Munich.

HOLANDA DEL 74

¿En Uruguay en vez de imitarlos decidieron apelar más a lo físico?

Uruguay castigó a los jugadores que intentaban jugar bien en pos de los más corredores, más luchadores, “más dinámicos” como les llamaban. E hizo que una tribuna llegue a pedir “más huevo” en vez de “más juego”. No fue de un año para el otro, fueron veinte o treinta años.

Ojo: hemos ganado en esos veinte o treinta años. Pero a partir de ese partido entre Uruguay y Holanda hubo un clic y se empezó a castigar al jugador que jugaba pero no corría. Porque los holandeses corrían, pero no se fijaron en que también jugaban. Lo que tendríamos que haber hecho es seguir jugando o intentando jugar, y darle ese entrenamiento a través del juego, y no haber llegado a los extremos de ver niños de entre 12 y 14 años corriendo por los canteros entre doce y catorce kilómetros, hasta que juegan en primera división.

Con la búsqueda de la excelencia física se empezó a entrenar para otro deporte, y los deportes se deben entrenar específicamente. Pero como perdimos ese partido contra Holanda, y nos pasaron por arriba, sentimos que lo nuestro no servía. Porque hasta ese momento lo nuestro era tener muy buenos jugadores además de meter esa “garra uruguaya” y pelear cada pelota a muerte. Desde entonces se empezó a priorizar el físico, la estatura, lo aeróbico, las valencias físicas sobre las técnicas, y se empezó a entrenar olvidando la pelota.

No pasó sólo en Uruguay, fue mundial la cosa. A todo el mundo le pareció que Holanda corría mucho –y era cierto– y hablaban de un “fútbol total” pero lo enfocaban para el lado físico, no lo para el lado técnico y para el fútbol colectivo que planteaban, o la presión que hacían para recuperar la pelota en campo contrario. Pensamos que corrían mucho y que ese despliegue físico hizo que nos quitaran la pelota, y no veíamos que era porque presionaban ordenadamente los espacios que debían presionar y cuando agarraban la pelota jugaban muy bien.

CAMBIA, TODO CAMBIA

Para Arias el fútbol evoluciona hacia un juego más colectivo de tenencia de pelota: “En Italia, la Juventus va primero y hace un juego colectivo, salen desde atrás tocando y no saltean líneas. El Bayern Munich en Alemania está robando con ese juego y el Manchester City en Inglaterra que nunca salía campeón lo logró el año pasado jugando así”. Y no sólo en Europa ocurren estos cambios: “Lo mismo pasa en Argentina con equipos como Vélez y Newell’s”, agrega.

Sin embargo en Uruguay esos cambios no parecen llegar.

Acá hay muchos equipos que también hemos cambiado y en formativas

 se está trabajando bien. El maestro [Óscar Washington Tabárez] lo dijo en una conferencia de prensa: “Nosotros estamos necesitando más tenencia de pelota”. Pero claro, el mayor tiempo que los agarra [a los jugadores] son dos semanas.

Los que tenemos que darle esa posibilidad a Tabárez somos nosotros en los clubes y sobre todo en formativas. Pero más que los técnicos, son los que forman la opinión los que tienen que ser coherentes: Un día dicen “no sabemos hacer dos pases”, y al otro día cuando un equipo que intenta hacer más de dos pases pierde dicen “con la posesión no se gana nada”. Si los que forman la opinión no son coherentes, es difícil todo lo restante. Porque el problema es que el único que se juega el puesto todos los domingos es el técnico. Ni los que cortan boletos, ni los utileros, ni los jugadores, ni los dirigentes, ni los periodistas ven amenazada su fuente de trabajo. Con todo lo que eso implica. Porque perder el trabajo para cualquier persona tiene que ver con la dignidad. Y en un país donde tenés 16 posibilidades de dirigir en primera, y de esas 16, cuatro o cinco de que realmente te paguen al día, tener esa posición y después verte meses y meses relegado es duro, tenés que preparar la cabeza. Porque si no corrés el riesgo de transmitirle esa presión al jugador que termina teniendo más miedo a perder que ganas de ganar.

¿Cómo manejas esa presión?

Lo tiene que manejar eso con su propia convicción. A mí me resultó más fácil seguramente que a otros. Porque me tocó estar veinte años alejado del fútbol haciendo pizzas y vendiendo bebidas. La vida me demostró que a pesar de haber sido un jugador de fútbol podía vivir de otra cosa y hacerlo dignamente. Eso me ayudó. Porque el día que me pusieron al frente de un plantel de primera no me importó si perdía o ganaba porque era cumplir un sueño. Claro que sufrí las presiones de que no ganamos al principio, y cuestionaban: “¿Vas a seguir jugando así?”. Y sí, porque no tenía miedo de volver a hacer pizzas o a trabajar de cualquier cosa, porque sé que la vida continúa. El problema es para el técnico que ve su fuente de trabajo amenazada todos los domingos por un resultado. Y que no ve coherencia a su alrededor. Si el técnico ve coherencia en los dirigentes y en los que forman la opinión, de repente puede aguantar.

A partir de esas presiones resultadistas, ¿es posible llevar tu estilo de juego a un cuadro grande o a la selección nacional?

Creo que es posible, y no porque me este candidateando sino porque lo han demostrado otros. Alemania, aun ganando, eligió otro estilo y lo pudo hacer. Lo que pasa es que acá siempre se cuestiona al que intenta jugar de otra manera.

¿Eso cómo se cambia?

Cambiándolo. Ya se está dando y se va a cambiar sin ninguna duda. Todo cambia. Van a empezar a probar, porque todo el mundo tiene ese aparatito en la casa (señala a la televisión donde están pasando un partido de la Copa UEFA) y miran ese fútbol. Entonces cuando después ves los partidos del fútbol uruguayo decís: “Ah no”. En todo el mundo está cambiando la filosofía de juego.

Lo de “a lo Peñarol” ya no existe. Aquello de “la tiramos para arriba y ganamos aunque sea en el minuto 90, sin importar cómo la metés” ya no existe. Ya la propia hinchada de Peñarol no aguanta más eso. En algún momento tanto la selección, como Nacional y Peñarol, van a intentar jugar mejor al fútbol porque si no nadie va a ir a la cancha y no vamos a ganar nada.

No quiere decir que esta manera de jugar sea “la verdad” o sea lo mejor, porque se pierde también. De hecho, yo pierdo normalmente, pero nada te asegura el resultado. Entonces si la otra forma no te lo asegura, probá por el otro lado. Y ya se está probando: Defensor está jugando bien, Racing intenta jugar bien.

Si nada te asegura el éxito, ¿por qué jugás de esta forma?

Por el gusto que me da, y por respetar la esencia de por qué se elige este juego: por la pelota. Ni siquiera por los goles. Porque cuando los niños arrancan en baby fútbol no saben ni siquiera dónde se hace el gol, pero corren detrás de ese imán que es la pelota.

Hoy hay mucha gente que se reúne después del trabajo a jugar al fútbol 5, ¿y lo hacen por el resultado? No. Porque pierden. Ganan y pierden. Si es por el resultado sólo seguirían yendo los que ganan. Lo que lo hace tan atractivo es el juego de la pelota: todos quieren tenerla.

¿Por qué entonces cambiamos tanto cuando es profesional, y nos volvemos amarretes, y empezamos a entrenar de otra manera? ¿Por el resultado? Si tampoco te lo asegura.

Y un equipo sin nombres y sin estrellas puede equiparar a otro con nombres y estrellas con base en el juego y la pelota. El que la agarra es el que tiene el control del partido, aunque capaz que no gana. Pero te permite defender a través de la pelota y equilibrar partidos que de otra manera serían muy difíciles. Porque vos podés contratar los mejores jugadores, pero a la pelota todavía no la puede contratar nadie.

 

_Diego Graziosi

_Federico Zugarramurdi

SOBRE PASES Y TENENCIA

Del Queen Park FC al Barcelona de Guardiola

En los últimos años se puso de moda hablar de posesión, pero para entender el proceso que tuvo su máxima expresión en el Barcelona de Pep Guardiola hay que remontarse a sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX en canchas escocesas. Fue el Queen Park FC de Glasgow –amateur desde su lejana fundación hasta nuestros días– el que intro-dujo en 1870 la primera revolución que sorprendió a los seguidores del fútbol. En vez del clásico juego de traslado individual que caracterizaba al fútbol británico, acentuado en sus albores porque los diez jugadores de campo trataban de llegar al arco rival, el Queen Park FC varió radicalmente su propuesta. En lugar del impulso de un solo juga-dor tratando de eludir cuanto rival se le opusiera en el camino al área del oponente, el equipo albinegro comenzó a practicar un juego de pases asociados. Desde una modali-dad de juego parecida a la del rugby, el Queen buscó imponer el pase toda vez que un jugador recibía la marca de un adversario. Claro, nadie vaya a pensar que se lograba una secuencia de pases larga sin perder el balón: en principio los tres o cuatro que se alcanzaban ya contrastaban con el juego vigente en los años sesenta de ese siglo. Tampoco es cuestión de creer que en esas largas trece décadas de fútbol internacional desde la época del QPFC a los subyugantes años de Guardiola nada interesante desde el punto de vista táctico ocurrió.

Pero este artículo refiere al tránsito del fútbol escocés de 1870 al catalán de 2008. Ya habrá oportunidad en futuras ediciones de hablar de la talentosa y efectiva Hungría de 1954, del impactante Brasil de 1970 y la sorprendente Holanda de 1974 y 78, y –por qué no– del Uruguay de la década del veinte que asombró en tierras europeas, todas ellas propuestas emparentadas en la búsqueda de la tenencia del balón, del pase inteligen-te, de hacer realidad que se puede ganar haciendo un fútbol más vistoso y disfrutable. Tarde o temprano esta búsqueda de la apuesta al pase como medio de dominar el juego iba a desembarcar en nuestras tierras, siempre tan atentas a lo que sucede en las ligas más fuertes y competitivas. Por cierto, a la manera uruguaya. Porque las propuestas de Wanderers, River o Defensor no son las mismas que las de Vélez de Gareca, Newell’s de Martino o el Huracán de Cappa. Cada uno tiene su sello de identidad, el punto en co-mún es tratar de prevalecer en el juego con la máxima de proteger la tenencia del ba-lón sin perder de vista el objetivo principal del juego: el arco rival. No todos los equipos que manifiestan esta intención tienen un jugador como Messi, que con inesperados y relampagueantes cambios de ritmo desequilibra y vulnera la eventual resistencia de los defensores.

El Wanderers de Alfredo Arias, con los condicionamientos y limitaciones del fútbol lo-cal, de cambios permanentes de planteles y relativas bajas retribuciones, muestra sin embargo semana a semana algo nuevo que quiebra la rutina y ha sabido encontrar el respaldo de los seguidores del viejo club del Prado más allá de los resultados.

_D. G.

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