Guillermo Almada: un record de continuidad

Guillermo Almada en el banco darsenero; el proceso y sus frutos.

Foto:Leónidas Martínez

Se declara futbolista, aunque en 2006 colgó los botines para dedicarse a ser el que juega pero del otro lado de la línea de cal. Llamarlo ex futbolista no corresponde, dice, porque uno arrastra lo que ha sido: sigue pensando como jugador. Habla pausado en el mano a mano. Al costado del pasto asume su rol incorporando gestos que indican posiciones de juego, maniobras de estrategia. Con su voz grita, con su mirada orienta, con sus brazos acomoda al equipo. A los 45 años es el responsable de dirigir ininterrumpidamente a River Plate desde 2011, una señal interesante en un fútbol que carece de continuidades de proyectos de largo plazo en pos de conseguir resultados a la brevedad. Guillermo Almada bien podría entrar en el Guinnes; es el DT récord.

Afuera llueve y está fresco. Propio de un verano sui géneris. Adentro, el bar se llenó de gente. Hay ruido de cubiertos en platos, sillas que se corren. Murmullo. Guillermo se sienta en una punta del salón, contra una pared. Pasa, digamos, desapercibido. Los mozos lo verán cuando el grabador se haya encendido y el flash ilumine el rincón. Es el DT de los darseneros, que ahora cuenta que él sabe que es una rareza lo que vive.

¿Alguna vez pensaste que ibas a permanecer tanto tiempo como DT de River?

Soy el técnico en River que ha tenido más continuidad. Empecé en 2011. Tengo recuerdos de cuando jugaba al fútbol y creo que [Raúl] Möller en Defensor fue uno de los técnicos que duró más en un club: cuatro años. La verdad es que no pensé que esto iba a pasar. Cuando empecé, me preocupaba resolver el trabajo inmediato que tenía. Era una situación angustiosa la de River porque estaba complicado en el descenso, y queríamos hacer algo por eso. Quedaban pocas fechas y el club estaba a un punto de la posición del descenso y tenía que jugar con Nacional, Peñarol y con Liverpool; venía de muchas derrotas consecutivas. Empatamos con Liverpool 1-1 en Belvedere, que fue mi primer partido como DT, y tuvimos dos triunfos con los equipos grandes. Eran partidos pesados por la situación que atravesaba el club. Para la prensa especializada River era candidato a bajar, ya que tenían en cuenta los rivales que le quedaban en la finalización del campeonato. Obtuvimos dos triunfos que nos dieron oxígeno y se salvó la situación. Pudimos subsanarla y seguimos apuntando a otras cosas en los años que siguieron.

¿Qué elementos se combinaron para tu permanencia en el club?

Primero es el convencimiento que tienen los dirigentes con respecto a nuestro trabajo. Los resultados tienen mucho que ver porque los entrenadores vivimos de los resultados. Después, un grupo de jugadores que fueron elegidos y para los que no tengo más que palabras de agradecimiento porque creen en la propuesta futbolística, la disposición

al trabajo es espectacular y a pesar del recambio de jugadores constante, el grupo no ha resentido su rendimiento. El equipo ha clasificado a copas internacionales continuamente, ha sido protagonista de nuestro torneo y eso es un gran mérito de los jugadores. Me preguntan por el secreto y digo: el trabajo y la disposición de los jugadores es fundamental para mí.

Para continuar en el club, ¿planteaste que debían ser atendidas las deficiencias en la infraestructura y el pago de salarios adeudados?

Sí. River tiene déficit de infraestructura y los dirigentes lo saben. Esto no es actual. Prácticamente desde que yo estoy en el club he solicitado mejoras pero se necesita un respaldo económico para mejorarlo y River se sustenta por sus ventas de jugadores. La prioridad son los sueldos de jugadores y funcionarios, es un presupuesto grande y a veces no hay dinero. Se están haciendo esfuerzos y estamos encaminados porque se necesita una mejora en la infraestructura. En comparación con otros clubes estamos a años luz. No sé si vamos a llegar a ver en cuadros uruguayos toda la tecnología que hoy está puesta en el fútbol. Nacional, Peñarol, Danubio, Defensor y ahora Liverpool son los clubes que están un poco mejor en musculación. En Brasil, por ejemplo, cada jugador va a la sala de musculación con un chip que le indica con cuánto peso debe hacer cada ejercicio y no veo que eso pueda llegar a Uruguay, ni siquiera a nivel de selección. En muchos otros temas también hay retraso: canchas, tecnología, estamos muy lejos, y para equipos como el nuestro se hace muy difícil. Estamos sideralmente lejos de lo que se trabaja en Europa.

Cada seis meses cambia tu equipo, se van jugadores del plantel y ascendés, de las formativas del club, a jóvenes para que hagan su experiencia en primera. ¿Cómo se trabaja esta situación cando un equipo no permanece?

Cuando detectamos a algún jugador que creemos que tiene condiciones para hacer lo que pretendemos, lo traemos con bastante antelación, mínimo seis o siete meses, y lo preparamos para los trabajos físicos y futbolísticos que son completamente distintos a los de las inferiores. Después, la propuesta que pregonamos desde lo futbolístico dentro de la cancha es acelerar el proceso, debido a la necesidad que tiene el club de transferir jugadores, y el de adaptación para reponer el plantel. Tratamos de tapar esas posibles bajas que han sido muchísimas. Y en algún caso que no haya reposición porque los transferimos muy jóvenes, intentamos buscar un jugador con experiencia que tenga calidad humana primero, y haga su aporte futbolístico, después. En eso hemos tenido suerte. [Cristian] Kily González, [Sebastián] Taborda en su momento son jugadores que han colaborado mucho dentro del equipo desde la disciplina; y en lo personal, han construido cimientos en la formación de grupo, son jugadores de trayectoria que colaboraron muchísimo.

¿Qué es lo primero que intentás transmitir a un futbolista joven que se incorpora a tu equipo?

Primero que sea buena persona. Eso tanto en juvenil o a una persona que incluimos en el club; por la convivencia, la colaboración entre compañeros es un requisito fundamental. Sabemos que puede haber algunas limitaciones en el aspecto físico y futbolístico. Tenemos dos ejemplos: [Nicolás] Schiappacasse y [Francisco] Tinaglini son muy jóvenes y les vimos condiciones, entonces los incorporamos al plantel de mayores para que mejoren más rápido y ya jugaron los dos en la selección uruguaya. Es importante que convivan con el plantel de personas mayores para acelerar ese proceso de adaptación y poder tenerlos en cuenta. Les falta trayecto para integrar la primera división pero son los que tienen mayor proyección ahora en el club. Si detectamos una necesidad de un jugador de ciertas características, los buscamos en tercera, si no está, en cuarta, si no, en quinta, y si consideramos que el de Sub 16 está preparado físicamente para competir en primera, lo ascendemos a la primera división y hacemos ese trabajo que lleva seis meses, un año o año y medio, pero ese proceso se acelerará estando con jugadores de primera.

¿Cómo catalogás tu planteo de juego? Se dice que sos ofensivo…

Tratamos de tener gente de buen pie en todos los sectores de la cancha y a veces tomamos más riesgos en ofensiva que en defensa. Consideramos que saber defender es una virtud y tenemos que saber defender, pero generalmente defendemos con menos gente que atacamos, y eso no es habitual en nuestro fútbol. Acumulando mucha gente en defensa –si no estás organizado– no es defender, es ocupar una posición.

La idea es defender mejor con menos gente. Nos ha dado resultado, pero si tenemos que cerrar un partido haciendo un cambio defensivo, lo vamos a hacer. Consideramos que hacemos lo mejor para lograr el mejor rendimiento del equipo. Lo de ofensivo son rótulos que a veces se ponen, que a mí no me convencen mucho. Hacemos mucho énfasis en la ofensiva, sí, tenemos jugadas de ofensiva preparadas para provocar un engaño en el rival y definir por algún lado.

¿Cómo preparás un partido? ¿Cómo utilizás la información de tu oponente?

Con videos. Tenemos una persona encargada de hacer esto y el resto del equipo técnico estamos diariamente en contacto con información de los equipos adversarios. Y buscamos datos para comentar con el jugador sobre algunos aspectos del equipo rival. Les comentamos qué futbolistas tienen, cómo se mueve el equipo tácticamente, qué riqueza técnica y deficiencia tienen, si son derechos o izquierdos. Les transmitimos cosas que consideramos que son prioritarias para limitar al rival, más allá de lo que vamos a proponer nosotros.

Dentro de la cancha estuvo en todas las posiciones menos en la de golero, aunque se define volante. A Chile llegó a préstamo y vivió la experiencia de ser extranjero por primera vez en el O’Higgins. En Colombia se quedó una temporada en

el América de Cali, en Guatemala se sorprendió en el Aurora por la calidad de la infraestructura y profesionalismo de los clubes de la capital. En Uruguay, jugó en Cerro, Huracán Buceo, Tacuarembó, Bella Vista, Progreso, River Plate, Wanderers. Con la camiseta de Defensor ganó títulos de campeonato en 1987 y 1991. Siempre supo que iba a ser técnico. Le interesaba la táctica, conocer a los rivales, saber cómo neutralizarlos. Cuando llegó la hora de dejar el juego adentro, lo sacó para afuera: se hizo DT.

¿Qué recuerdos tenés del desarrollo de tu carrera futbolística? Te fuiste muy joven…

Vinieron unos chilenos a ver a un compañero de Defensor, [Alfredo] el Polilla de los Santos. En ese partido jugamos como pareja de zagueros y al entrenador le gustó más cómo jugué yo. Tenía 20 años. Le hicieron una propuesta al club y me fui a préstamo

a vivir a Chile. Era muy joven. Fue una experiencia invalorable a pesar de que me fui solo y con poca experiencia en el fútbol. Fue una experiencia de vida muy buena y generé mucha experiencia futbolística. Volví a Defensor en una época muy gloriosa, ganamos muchos títulos, y estuve hasta 1994.

En 1995 me fui de Cerro a jugar en Cali, en Colombia, donde estuve una temporada. Después el club tuvo problemas económicos y me volví. Estaba en Huracán Buceo, después pasé por Defensor y de ahí me fui, en 1998, con una oferta muy grande, a Guatemala. Me llevé una sorpresa muy grata, es un país con equipos evolucionados y con buena infraestructura. Volví a Uruguay y jugué en Tacuarembó, Bella Vista, Progreso, River Plate, Wanderers, y cerré mi carrera en Fénix en 2006.

¿Cómo llega a tu vida la idea de ser director técnico?

Desde que tengo uso de razón, desde muy joven, me preocupaba por conseguir información de equipos de fútbol, me interesaba la táctica y me gustaba hacerla. Sin saberlo tenía decidido ser entrenador desde que fui futbolista. Es algo que llevo en la sangre, me apasiona. Fue de la mano de ser futbolista.

“Tratamos de tener gente
de buen pie en todos los
sectores de la cancha y
a veces tomamos más
riesgos en ofensiva que
en defensa. Consideramos
que saber defender es
una virtud, y tenemos
que saber defender,
pero habitualmente
defendemos con menos
gente que atacamos”.

Tu primera experiencia fue como asistente técnico en Progreso.

Sí. Al otro año que dejé de jugar, fui asistente técnico de [Francisco] Quico Salomón en Progreso. Luego tomé la tercera división de Tacuarembó. Como estaba en el club, ya conocía a los jugadores y me surgió la posibilidad de quedarme en primera porque había sido compañero de muchos del plantel. No me costó nada quedarme. No sentí cambio ninguno. Estábamos peleando el campeonato en tercera división y eso no había ocurrido en ningún equipo de Tacuarembó. Esta campaña nos valió que nos hablaran para dirigir el equipo de primera.

¿Qué técnicos referentes tenés? Quisiste ir a una conferencia de Pep Guardiola en Buenos Aires pero no se dio…

Guardiola, desde mi humilde punto de vista, creó el equipo más competitivo del mundo, o el mejor equipo que he visto como futbolista y entrenador en el mundo, el Barcelona. No sólo por lo que jugaban sino por ejercer permanente presión sobre los rivales, colocando la pelota en el arco que tenía enfrente. Es un referente que está siempre en permanente evolución. Se fue al Bayern Munich y con jugadores completamente distintos a los de Barcelona saca rendimientos espectaculares. No sólo de él, también soy admirador de [Marcelo] Bielsa, por las convicciones que tiene, más allá de si te gusta o no la propuesta. Creo que es una persona que transmite seguridad a sus equipos afuera y dentro de la cancha. Eso se traduce en resultados, y dentro de la cancha en el funcionamiento

del equipo. Me gusta también [José] Mourinho y [Óscar Washington] Tabárez. Son entrenadores que tienen mucho de trayectoria y han dejado mucha enseñanza.

Sos un director técnico gesticulador en la cancha: gritás, indicás todo el tiempo. ¿Creés que eso colabora para el desempeño del equipo?

Sí. Vivo mucho los partidos. Los vivo como los viví como futbolista. En River tenemos un equipo muy joven. Ha cambiado bastante el fútbol y es muy difícil conseguir entrenadores que lleven la voz cantante dentro de la cancha. Ahí tenemos un déficit importante en nuestros jugadores y por eso tenemos que marcar muchas cosas afuera. Más allá de eso, vivo el fútbol con mucha pasión y soy un tipo verborrágico, no me puedo aislar de lo que hacen mis jugadores y paso dando indicaciones. Soy amante de la perfección y en el fútbol no existe, siempre aparecen errores, por eso damos indicaciones para el mejoramiento del rendimiento y tratando de que nuestros jugadores estén todo el tiempo enchufados.

Se habla de procesos en el fútbol y también de resultados. ¿Cómo trabajás el puente de estas dos cosas?

El fútbol es un componente de distintos ítems que se deben tener en cuenta;

a veces se descuida uno de ellos y el resultado se escapa. Con la continuidad del trabajo se gana terreno si lo comparamos con equipos que tienen nuevo técnico, porque hay cosas que se vienen trabajando y con el tiempo se pueden agregar elementos de trabajo, ya que hay otras que están dominadas. La continuidad está a favor del entrenador. Acá no existe esa cultura. Hay muchos clubes que quieren resultados rápidos, pero eso no sucede por el propio hecho de que no ha tenido continuidad del entrenador. Es esencial pero sabiendo que vivimos de los resultados también. Esas son las reglas del juego. Hay que priorizar tener resultados cuando llegás a un club.

Ya termina la entrevista y en unos minutos tendrá que posar delante de la cámara que le tomará unas fotos para ilustrar la nota, propuesta que aceptó sin pudor aunque luego le costó reconocer muchas miradas de curiosidad. Estudia, mira y trabaja fútbol. Le interesa ganar y hacer énfasis en cómo lo consigue. Y propone compromiso para lograrlo.

Vos jugaste en diferentes países, sos de mirar fútbol de todo el mundo, dirigís un equipo en Montevideo ahora y estuviste en otro en Tacuarembó: ¿qué identidad tiene el fútbol uruguayo?

Garra y corazón. Siempre les digo a los jugadores que nos hemos quedado en la evolución; no tenemos el material o los trabajos para cambiar nuestra identidad. Hoy en el fútbol mundial la posesión del balón es determinante. Todos evolucionaron en ese aspecto menos nosotros. Porque es difícil inculcarle a gurises de trece o catorce años –que es cuando se inician, el momento en que aprenden cosas que luego no olvidan más– trabajos de posesión de balón cuando la cancha tiene mil pozos. Es imposible para un entrenador priorizar eso cuando seguramente nuestro fútbol se demore algunos segundos más que cualquier fútbol del mundo en hacer una recepción y un pase, por el hecho de las canchas en mal estado. En otros lados se hace ágil y rápido. Si bien aún falta, se ha mejorado en los últimos diez años el estado de las canchas en Uruguay. Hemos buscado en River buenos pisos para entrenar y no es fácil conseguirlos. Esto ha sido una prioridad porque trabajamos la posesión de la pelota, pero es prácticamente imposible ver una evolución en este sentido hasta que no se le hinque el diente al mejoramiento de las canchas de formativas. Seguimos en nuestro fútbol con defensa fuerte, aguerrida, con la capacidad de hacer transiciones rápidas porque no tenemos la cultura ni la voluntad de mejorar esto. Saber tener la pelota nos hace que en cierto momento nos defendamos con la pelota y no que los jugadores estén correteando, porque eso genera desgaste. Cuando tomamos esa pelota en esta situación de desgaste, el jugador está en un cambio de aire y quiere sacársela de arriba, no toma las mejores decisiones.

¿Qué cambios notás en el fútbol uruguayo?

El cambio de las canchas es relevante. Hay una gama de entrenadores que se preocupa más por el mejoramiento del juego en nuestro país. Tratamos de tener un compromiso en la parte futbolística. Es importante cómo ganamos por más que perdamos algunos de los partidos. La idea es tener un compromiso que nos aporte, que nos dé beneficios a nosotros y poder contribuir al fútbol uruguayo también. Constantemente estamos atentos a esto en el trabajo y también sabemos que hay muchas mañas. Proponemos no tirar la pelota para afuera para cerrar un partido, no hacer tiempo, tratamos de que si vamos ganando, hacer todo para conseguir otro, defendemos con la pelota y no dar pelotazos para sacarla del área. Esto lo pregonamos con gente que nos rodea, como los árbitros: hay que darle continuidad al juego y así se brinda un mejor espectáculo. Y en eso tenemos que colaborar todos porque la gente se arrimará más a la cancha si no se afea el partido. Es importante colaborar con lo que mostramos.

¿Qué fútbol extranjero mirás?

Todo. Es nuestra obligación mirar todo lo que se pueda. Tengo preferencia por

el fútbol inglés. Me interesa Barcelona porque hay jugadores uruguayos y también el Real Madrid. Además, detectar posibles evoluciones tácticas. Hay que estar pendiente de eso para conocer la tecnología que usan y estar al día.

¿Qué deseás para vos en el futuro dentro del fútbol?

Tener trabajo.

¿Sí? ¿Eso? Te han ofrecido un montón de propuestas y no las has tomado…

Recibimos propuestas de Arabia, de Escocia, y no las tomamos porque somos felices donde estamos. No es que dejemos para otra oportunidad, sino que estamos bien ahora. En muchas ocasiones se trataba de salarios superiores a los que recibimos en River y en clubes más importantes, pero también queremos completar el proceso, nos sentimos comprometidos con los jugadores porque hemos creado un clima muy agradable de trabajo. Consideramos que sin forzar nada, y respetando a River que nos abrió la puerta, se va a dar algo más adelante.

_Patricia Pujol

Almada x Kily González

Cristian Kily González es el jugador experimentado de River. Tiene 38 años y una larga trayectoria deportiva. Luego de su paso durante seis años por el fútbol de Israel y recién llegado a Montevideo en 2011, recibió una llamada de Almada para proponerle inte-grarse al plantel de River. Y no dudó. Había jugado contra él en los últimos años de su carrera futbolística. Le entusiasmó la propuesta y se incorporó rápidamente al equipo de River. Hoy lo disfruta. Va por su cuarto año en el club. Si bien el trayecto hasta el Saroldi desde Atlántida todos los días puede resultar pesado, él no lo dice. No dejaría el balneario donde vive, ni la cancha donde juega. Vale la pena lo que siente cuando se ata los zapatos de fútbol. Si bien ha tenido experiencias en España y en Israel, jugó también en Liverpool, Defensor y Peñarol. Ahora, “luego del fútbol”, estudia para ser director técnico y comenta: “Hoy los tiempos cambiaron; son otros. Hoy es todo muy dinámico, los tiempos se acortaron y hay que aprovechar. Les digo a los más jóvenes que cuiden los detalles, que aprovechen y disfruten porque todo pasa muy rápido. Tienen que aprender a ser profesionales desde muy jóvenes y hay que convivir con una gran cantidad de detalles que en otros países no te pasa. El jugador uruguayo es único. Se sobrepone a la falta de infraestructura. Además, es difícil pelear campeonatos con un equipo tan joven como nos tocó a nosotros”. Sobre Almada DT, comentó: “Es un poco complicado”. Ante la pregunta de cómo se vive en la cancha cuando el DT grita durante el partido, dice: “No digo que está bien ni que está mal. Me gustan los técnicos que viven el partido. Hay jugadores que de esa manera bajan el rendimiento y otros no: se estimulan o recuperan atención. Hay que estar preparado para convivir con distintas formas de dirigir”.

“El mayor mensaje que recibo es estar en los mínimos detalles, dar seguridad al equipo en defensa y transmitirlo para respaldar sobre todo a los más jóvenes. Esa es mi tarea”, sostuvo.

Sobre Almada, destacó: “Va de frente, es claro. Para mantener un equipo es importante la claridad y el compromiso”.

“Así me siento útil en el equipo. Me siento querido. Vi debutar a todos en primera y eso es muy lindo”, remata.

Almada x Almada

Nació el 18 de junio de 1969. Ahora vive en Tres Cruces pero se crió en la Cruz de Carrasco. Se casó en Tacuarembó en 2014. Tiene una hija de 20 años. El último libro que leyó fue la autobiografía de Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad. “Me gustan los libros que tratan historias personales. También leí alguno de la vida de Car-los Gardel”. En sus elecciones musicales está el tango pero tampoco tanto. También aparece la música de Brasil y más. Tacuarembó lo hizo interiorizarse sobre la vida del zorzal criollo. Ante cualquier sospecha, aclara: “Con todos los datos históricos que hay, uno se convence de que Gardel era uruguayo”. Además, destaca la música de The Beatles. “Me da paz escucharlos”, cuenta. Completó el ciclo básico de grande, cuando ya sabía que era indispensable para hacer el curso de entrenador. Sabe que la educación es fundamental y reconoce que en sus tiempos de futbolista, escolarizarse casi no era posible porque los clubes no colaboraban en siquiera considerarlo. Sostiene que ser frontal es lo más relevante para dirigir un equipo y actuar como buena persona es lo que transmitirá al resto la forma de hacer.

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