La historia y el mundo merecen esta aclaración: Uruguay tiene cuatro estrellas. Pierre Arrighi -escritor, uruguayo, radicado en Francia- regresó al país para presentar un nuevo libro que argumenta con creces la defensa de las Cuatro Estrellas (sí, con mayúscula) que luce la «celeste» en su camiseta. Paso a paso, un argumento tras otro para demostrar cómo la FIFA ignora y busca borrar con el codo lo que ni siquiera llegó a escribir.
Por Pablo Aguirre Varrailhon
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La entrevista fue larga y amena como se puede observar en esta primera parte. Pierre es uruguayo y vive en Francia hace décadas, donde a través de su trabajo comenzó primero colaborando con diferentes publicaciones, hasta que un día surgió el tema: Uruguay tiene cuatro estrellas. A partir de ahí comenzó una nueva tarea que lo llevó a recorrer diferentes caminos, tanto en Europa como en América, en busca de la documentación probatoria; documentos oficiales que corroboran los que algunos quieren borrar: la historia.
Después de diez días en la capital uruguaya presentó su libro, «Cuatro Estrellas de Verdad» (Planeta), en la Ciudad Vieja, más precisamente en la remozada librería Feltrinelli en la Peatonal Sarandí, hasta donde fue a saludarlo el Presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, el economista Ignacio Alonso, acompañado de su colega de profesión, Eduardo Ache. Varios historiadores se hicieron presentes en el evento, como también ex jugadores de fútbol: fue el caso de Juan Carlos «Cacho» Blanco y Víctor Espárrago.
Al concluir, el autor recomienda a la Asociación Uruguaya de Fútbol una serie de diez puntos a tomar en cuenta para actuar:
1) Exigir de la FIFA que agregue en el reglamento del equipamiento
«A excepción de los campeonatos máximos de 1924 y 1928, que ganó Uruguay, y que también merecen ser marcados con estrellas.»
2) Dar notoriedad pública a todas las aprobaciones del equipamiento que la FIFA hace por escrito cada dos años, desde 1991 hasta hoy.
3) Poner al día el relato del Museo del fútbol -que no cambió desde 1975- incorporando todos los aportes que se dieron en los últimos 15 años, y estructurándolo en torno a dos círculos: 4 estrellas mundiales máximas con matriz del 24, 15 estrellas continentales.
4) Cambiar el nombre de las tribunas del Estadio Centenario poniendo Colombes, Amsterdam, Montevideo y Maracaná. Colocar una gran estrella dorada en cada fachada de tribuna, con iluminación celeste nocturna.
5) Exigir que la FIFA abra una comisión de historia en donde participen historiadores de Sudamérica y Uruguay, y en donde se abra el necesario debate sobre el período del fútbol internacional 1904-1954.
6) Reeditar el libro Negociaciones internacionales, publicado en 1932, por el entonces vicepresidente de la FIFA, el embajador uruguayo Enrique Buero. Reeditar también el informe AUF denominado Carbonell Deballi, de 1930, y elevar a la FIFA las declaraciones que Rimet entregó en francés para dicho informe.
7) Establecer la crítica de lo que se escribió sobre Uruguay en los libros de los presidentes de la FIFA: Rimet, Blatter e Infantino. Y elevarla a la FIFA.
8) Recordar oficialmente desde ya, que el campeonato de 1930 fue reconvocado y recreado desde cero por la Auf y que eso merece gratitud.
9) Rehabilitar la figura de Andrés Mazali, nombrando una calle o colocando una placa o erigiendo una estatua en la proximidad del Estadio Centenario. Primer golero campeón mundial. Y dos veces consecutivas.
10) Publicar por la AUF un folleto de 20 páginas explicándole al pueblo uruguayo por qué Uruguay tiene 4 estrellas por campeonatos máximos equivalentes y rechazando la devaluación que vienen haciendo los presidentes de la FIFA en libros escritos por gente parcial y sin legitimidad. Distribuirlo a todos los jugadores uruguayos, en papel, asegurando así el indispensable trabajo pedagógico. No es aceptable que nuestros jugadores seleccionados y nuestros nacionales que son nuestros embajadores ante el mundo nuestras cuatro estrellas, desconozcan los conceptos que las sustentan, a saber, que estas cuatro estrellas simbolizan cuatro títulos futbolísticos de valor máximo puestos en juego en mundiales abiertos a los primeros equipos de las asociaciones de la FIFA.
Estos cuatro títulos son perfectamente equivalentes envalor. La matriz y modelo es y será siempre el campeonato olímpico de 1924 que culminó en Colombes.





