Pasión… ¡de Racing Club Campeón!

La obtención del torneo Apertura 2026 el pasado 26 de abril abrió un sin fin de alegrías para sus hinchas. Muchos lo son desde la cuna, otros se fueron haciendo con los años. Otros vistiendo sus colores. Lo importante es que pueden disfrutar de este momento, cada uno a su manera. A continuación les contamos algunas de esas historias.

La emoción de todos

Por Alejandro Schenzer*

¿Qué puedo decir en estos momentos? Es difícil expresarlo con palabras. Pero si, ser hincha de un cuadro chico, de barrio, en desarrollo, como le quieran llamar, siempre es una pasión. Uno se enamora del club, del barrio, de su gente, de los colores y de esta camiseta que es la más hermosa de todas. Ir a la cancha, ver que nos conocemos, saludarnos, es como un ritual de cada fin de semana.

Sin dudas, somos hinchas del club, no tanto de los resultados. Pero cuando se dan estas cosas, además de disfrutarlas, también recordamos, la gente que tanto hizo por el club, que tanto nos dio, esos jugadores que jugaban más por amor al equipo que por dinero (muchas veces sin cobrar) pero siempre dejando lo mejor. Esas cosas generan orgullo, nos hacen a todos amar un poco más al club. Y por eso cuando se consigue un logro, vale el doble, porque también cuesta mucho más, en un fútbol, que busca reservarlo para dos, logramos colarnos.

En el caso de Racing, después de pasar tantos momentos de amargura, enterarnos que ¡salimos campeones! Ir a la sede, poder abrazarnos los hinchas, la emoción de los más viejos que creían que, al igual que su padre, su abuelo, se iban a morir sin verlo campeón y ahí estaban. Abrazarnos con toda esa gente que pasó los peores momentos (un club embargado, último en la B, 10 meses sin ganar un partido) pero siempre copando la tribuna, siempre creyendo, el llorar juntos de emoción. El ver llegar a los futbolistas festejando en un ómnibus (si salimos campeones arriba de un ómnibus) saludar a Lalo Aguilar, al Loco Contreras, a Líber Quiñones, a Gorosito, que tanto hicieron por el club. El cortar parte de Millán saltando y festejando todos juntos, jugadores, cuerpo técnico, hinchas, dirigentes, empleados del club, eso no tiene precio. Nos quedará para siempre en la retina.

A todos los que de alguna forma fueron parte de la historia del club, a los de antes, a los de ahora y a los que van a venir a vestir con orgullo la camiseta cervecera, solo puedo resumir todo en una palabra: GRACIAS

*Alejandro Schenzer es periodista, hincha y socio del Racing Club.

Grabado en la piel

Por Sebastián Pereira*

La «barra» de Sebastián, que es el primero parado a la izquierda. Foto de Sebastián Pereira.

El 26 de abril de 2026 quedará grabado en la memoria y seguramente, en la piel de los cerveceros. En esta oportunidad que se me brinda para expresarme, no me voy a referir de los números y la estadística de esta campañón pues sería redundante con todo el material que circula en los distintos medios y plataformas. Prefiero centrarme en procurar explicar aquello que parece inexplicable, el origen de una pasión que, en el caso de mi familia en particular, atraviesa cuatro generaciones y supone un modo de vida.

Nací en Reducto y me crié en Burgues 3018 frente al Poveda. De niño, junto a mis hermanos, pasamos horas peloteando atrás de ese Colegio, en el mismísimo Parque Munich, (donde todo inició) al cuidado de mi abuelo, el Tata para nosotros, Alberto Acosta en el Telégrafo y en la sede de Racing en donde trabajó hasta su fallecimiento en agosto de 1990.

Fue él la primera persona en la que pensé ni bien se pitó el final del partido en el Centenario y hallándome solo en mi casa me inundó la emoción al tiempo que recibía un WhatsApp de Manuel (mi hijo menor y al que su mamá no me permitió llamarlo Osvaldo Roberto al nacer) que decía «gracias por hacerme hincha de Racing«. También recordé a mi abuela, gran albiverde y también culpable de esta enfermedad de la que no quiero curarme.

Con el Tata di mis primeros pasos en los albores de los 80’s, en el verde césped del Osvaldo Roberto puesto que él trabajaba en la sede y yo no tenía edad aun para ir a la escuela entonces lo acompañaba a su «trabajo«.

En nuestro field presencié junto a toda mi familia un concierto que dio Don Alfredo allá por 1985 y entendí que estaba ante algo histórico. En los 80′ seguí a Racing junto a mis hermanos, de la mano de mi abuelo, tío o padre, disputando grandes duelos de hacha y tiza pero también de fútbol atildado en el Capurro, la Bombonera, el Méndez Piana, el Palermo, el Parque Nelson o el Fossa…

Ya en los ’90 me emancipé.

Pero volviendo a lo vivido el pasado domingo, una vez conocida la buena nueva, partí raudamente para Sayago, sabedor que se trataría de una noche para encuadrar.

Y así fue nomás: ni bien llegué, ya se vivía una mesurado algarabía por parte de aquellos adelantados. Paulatinamente se fue acrecentando la concurrencia y la ebullición así como la ansiedad de vislumbrar el arribo qué transportaba a ese grupo de gladiadores y a los afectos que estaban próximos a arribar desde la capital arachana.

A esa altura todo era ya júbilo y emoción. A su arribo, mientras muchos optaban por fundirse en sendos abrazos con los artífices de esta gesta inimaginable, mi atención en cambio, se centró en una octogenaria de aspecto frágil, que desafiaba las bajas temperaturas con una gorra de lana tejida a mano, solitaria y con los ojos vidriosos, que lo contemplaba todo desde una posición privilegiada a un lado del nuevo viaducto. Yo pensaba qué pasaría por esa cabeza al tiempo que recordaba a los que ya no están en este plano. Por asociación de ideas, pensé también en la gurisada malacostumbrada en este último tiempo, a ver al Racing exhibiendo su fútbol por distintos campos del continente.

Aproveché la ocasión para expresarle mi agradecimiento a muchos responsables y a su vez, intenté que dimensionaran la magnitud de lo conseguido y lo que significaba para esta loca parcialidad: los viejos, los del codo, los de LBDLE, los que ya no están, los que están lejos…

El Presidente Lizandro, Cavegol el Goleador Empedernido, el Lalo (a quien cruzaba frecuentemente en el 181 y lo atomizaba hasta que dejó de viajar en bus), a Chambian (bien bancado en un momento de fugaz turbulencia), Líber, Mosquito, el Rulo y Yuri Oyarzo el cual conozco desde que tenía dos años y al verme, con la humildad de los grandes a pesar de sus 18 añitos (está llamado a grandes cosas), me dijo «gracias» a lo que retruqué que estaba loco y que las gracias eran para él, mas me siguió porfiando.

La noche continuó y yo no quería que se acabara más. Pero acá termina lo que es digno de socializar. Como terminó la película (en tiempos en que nada se guarda en la intimidad) prefiero reservármelo. Solo expresaré que asistí a uno de los días más felices de mi vida.

Esperando haber transmitido, aunque sea en parte lo que significa esta pasión, la voy dejando por acá recordando con orgullo al Tata Alberto Acosta: mi único héroe en este lío.

Y ahora sí …me emborracho bien borracho si el campeón es La Acadé.

Seba

*Sebastián Pereira es hincha y maestro de escuela.

Naciste guapeando

Por Hamlet Tabárez*

Racing naciste guapeando con tu nombre de YUYITO y fuiste siempre dejando derroche de calidad
Racing Racing querido el verde y blanco triunfal.
El emocionado recuerdo para compañeros que ya no están pero nunca se fueron: los Bergara, los Benítez, Pancho Quiroga, el Bebe Moreno, Liborio Ruilopez, el Coco Verdes, el Petiso Araújo, Cascarilla Morales, el Chiquito Mazurkiewicz, y tantos otros…
Los que hicieron magia en nuestra vida nunca se fueron de nuestro corazón.

*Hamlet Tabárez jugó varios años en Racing Club y tuvo una extensa trayectoria como futbolista.

Foto cedida por Hamlet Tabárez.
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