LOS 82 AÑOS DE UN CATALÁN… HINCHA DE PROGRESO

Para entender esta nota capaz necesite saber un poco de catalán. Temps era temps es una canción en ese idioma, que significa Érase una vez. En una parte la letra dice “Basora, César, Kubala, Moreno i Manchón”. Si no sabe catalán, pero algo del fútbol antiguo, capaz reconoce a Kubala, apellido del histórico jugador húngaro, crack del Barcelona de España. El resto son los componentes de una legendaria delantera catalana, de un Barcelona conocido como el de las “5 copas”. Y el cantante que los recuerda en esa canción no es otro que Joan Manuel Serrat, quién hoy 27 de diciembre de 2025 cumple 82 años…

Por Gustavo Castiñeira

El Serrat Culé

Como todo niño, Serrat jugó al fútbol en las calles del “Poble Sec”, su barrio en Cataluña. La mayor de las veces de golero. Cuando el húngaro Ladislao Kubala llegó al Barcelona, Serrat tenía 7 años. En 1951, cuando logran las 5 copas, Serrat tenía 8. Y cuando el futuro cantante tenía 12 años, ve llegar a su club a un uruguayo, proveniente del desconocido Liverpool, del más desconocido Belvedere: Ramón Villaverde. En el año de su debut, 1954, nuestro jugador compartió equipo con Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón, toda la delantera. Y también con el mejor jugador español de su época y para muchos de la historia, Luis Suárez (no confundir con el crack uruguayo del Barca que jugó décadas después).

Serrat tuvo a Ladislao Kubala como su ídolo, tanto, que le dedicó una canción entera, la única que sobre fútbol escribió Joan Manuel: “Pelé era Pelé. Y Maradona, uno y basta. Di Stéfano era un pozo de picardía. Honor y gloria a quienes han hecho que brille el sol de nuestro fútbol de cada día. Todos tienen sus méritos, a cada quien lo suyo, pero para mí ninguno como Kubala”. Eso más o menos en español, dice el arranque de la canción en catalán. Lo curioso es que esa canción se le ocurrió luego de escuchar una canción que escribió un uruguayo que vivía en Barcelona, cantada por un uruguayo que vivía en Montevideo, en homenaje a un brasileño que vivía en Río de Janeiro: Garrincha, candombe de Manuel Picón, cantado por Alfredo Zitarrosa.

Un día de 1968 Serrat fue a ver un entrenamiento de su equipo y los jugadores lo invitaron a participar. Se cambió, entrenó con el Barca e hizo fútbol. Y la revista Barcelonista le hizo un interesante reportaje. En un momento, ante la pregunta sobre sus ídolos deportivos, dice: “Mis grandes ídolos actuales en fútbol y automovilismo eran Benítez y Jim Clark. Los dos tuvieron la desgracia de desaparecer el mismo año”. Cuando nombra a Clark está hablando del piloto de carreras británico, bicampeón mundial, y cuando nombra a Benítez habla nada menos que de Julio César Benítez, otro crack uruguayo (con origen en el Racing Club), ídolo del Barcelona, muerto en extrañas circunstancias, provocando un gran luto en toda la afición catalana, que lo tenía como uno de sus mejores.

Joan Manuel Serrat posando con el Barcelona en el Nou Camp.

Boquense, manya y progresista.

En Argentina, país que lo admira como pocos, Joan Manuel Serrat es de Boca. La explicación es sencilla, pues el catalán llegó al país por primera vez en 1969, y ese año brillaba el Boca de Marzolini y de un fenómeno como Ángel Clemente Rojas, Rojitas.

Aquí en Uruguay la cosa se decanta en un principio por el club más parecido a Boca, Peñarol. Cuando Serrat llega al Uruguay por primera vez en julio de 1970 un dirigente del cuadro aurinegro, José Valverde, secretario de prensa, lo espera en el aeropuerto, para regalarle una camiseta y un banderín del club. La camiseta era la número 5. A partir de ahí Serrat se hace hincha de Peñarol y del “Tito” Gonçalves, a quienes había visto contra el Real Madrid en 1966. Cuando vuelve al Uruguay en 1973, Serrat participa en un programa partidario en canal 5, “Soy Aurinegro”, y concurre al Centenario el 10 de marzo, viendo el clásico por Copa Libertadores desde el Palco Oficial invitado por Peñarol. El partido terminó empatado a 1, se pasó firmando autógrafos, y elogió en la prensa el juego de Luis Cubilla, ex estrella aurinegra, que jugaba en Nacional y a quién había visto, con poca fortuna, en un corto paso por el Barcelona.

Pero con el tiempo la pasión futbolera uruguaya siguió franjeada, pero cambió de colores y de barrio. Se mudó a La Teja. Y parece lógico en parte. Serrat se hizo de Progreso. Una vez se le preguntó el motivo y contestó: “Pues me gusta eso del Progreso. Soy progresista. Y por los colores claramente”. Además, siempre recordó que lo unía una amistad con el Dr. Tabaré Vázquez, tan emparentado al club de La Teja. Serrat se ha sacado fotos con una camiseta del club regalada por su amigo. Parece que otro amigo, Daniel Viglietti, le mostró una foto de un partido donde Serrat vio en la grada la bandera de Cataluña. Ahí Viglietti le explica que es la bandera de un club de La Teja. Seguro ahí nació el amor por el club. El amor por los colores lo tenía de siempre.

Joan Manuel Serrat con parte de la Directiva de Progreso. Los colores que unen. De izquierda a derecha: Gabriel Panizza, Joan Manuel Serrat, Fabián Canobbio, Yuri Jakimczuk, Agustín Montemuiño.

Cuando vino en 2019 en una gira junto a Joaquín Sabina, justo se había jugado un clásico y les consultaron sobre el partido. Ninguno lo vio, pero mientras Sabina alentó a Peñarol, Serrat dijo: «¿Y qué dicen de Progreso, el corazón de la Teja?». Es que en ese momento Progreso iba primero en el Clausura. Enseguida la directiva del club se movió y llegó a contactarlo. Al final le obsequiaron la camiseta del club y, además, lo hicieron socio. Decía un comunicado oficial: “Desde hoy, Joan Manuel Serrat es nuevo socio de Progreso. Además la Comisión Directiva le obsequió una camiseta oficial, para que lleve los colores uruguayos que más le gustan por todo el Mundo”. En la noche del concierto, disfrazado de Pirata, Serrat dejó verse la camiseta de Progreso puesta, y cuando se la sacó… abajo estaba la de la selección de Uruguay.

Serrat, los estadios y el Uruguay

Serrat se despidió de los escenarios definitivamente en 2022 con su gira “El Vicio de Cantar”. Y dos conciertos fueron importantes. Obviamente, la despedida final, el último, en el mítico escenario del Nou Camp, cancha del Barcelona. Un templo del fútbol, que ya había visto a Serrat varias veces cantando. Por ejemplo cuando el Barcelona cumplió los 100 años y Serrat cantó el himno del Barca en medio de la cancha. Y contemos una curiosidad. Ese estadio fue inaugurado oficialmente el 6 de octubre de 1957, en un encuentro entre el Barcelona y el Jaen. El honor de marcar el primer gol de la historia oficial del Camp Nou le correspondió al delantero uruguayo Ramón Villaverde, que marcó el 1 a 0 apenas jugados 5 minutos de partido.

Antes de despedirse de su gente de Barcelona, se despidió de una tierra que lo adora, como Uruguay. Y fue en otro templo del fútbol, el Estadio Centenario. Si bien había venido varias veces al Cilindro, al Palacio Peñarol, al Teatro de Verano, al Parador del Cerro, al Club Olimpia, al Cine Censa, al Antel Arena ahora, entre otros escenarios, son varios los emblemáticos conciertos que dio en el Monumento del Fútbol Mundial. Uno muy recordado fue en el 29 de octubre de 1984, con el retorno de la democracia a la vuelta de la esquina, luego de años de tener prohibida la entrada al país.

Otro en febrero de 1988. Sobre ese concierto hizo una crónica el gran cantautor Mauricio Ubal, hombre muy emparentado al fútbol. Y como fue en el Centenario, uso muchas metáforas futboleras para escribir la crónica. Ya desde el título, “Con la cancha abajo del brazo”. Al entrar a escena, Ubal ve como “Serrat atraviesa la cancha trotando hasta el escenario, guiado por un foco, y por la ovación de la tribuna”. El repertorio se llena de viejas canciones, algunas no tanto, y las del nuevo disco. Por eso dice Ubal que “el Catalán se desplaza con soltura cuando se juega atrás, es excelente ordenando el medio campo y muy hábil para distribuir el juego, habilitando con cancha los balones nuevos”.

Era lógico que de despidiera de nuestro país en el Estadio, él que es tan futbolero. Muchos años antes, en el 2000, hizo un disco que recopilaba canciones de todos los países de América Latina. Para cerrar el disco eligió La Llamada, candombe uruguayo de Pedro Ferreira. Cuando hizo la conferencia de prensa, le preguntaron el motivo de elegir esa canción y no otras quizá más clásicas de nuestro país, como alguna milonga. La explicación de Serrat fue bien futbolera: “Mire, quiero reivindicar la cultura negra de este país. Sin ese gran negro, que fue el Negro Jefe (Obdulio Varela), quizá Uruguay no le daba a Brasil ese golpazo, y no realizaba la hazaña más grande de la historia del fútbol, que nos hizo tan feliz a todos”.  Serrat lleva el recuerdo del 16 de julio como un uruguayo más, porque además, casualmente, un 16 de julio de 1970, dos décadas redondas después del “Maracanazo”, cantó por primera vez en nuestro país en un atiborrado Teatro Solís.

11 de marzo de 1973, la crónica del diario «Ahora».

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